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Trader, melómano, economista, lector y escritor....

Osías y Laura + La vida en finanzas: el baúl de los recuerdos….

Hace poco, en una de mis sesiones semanales con estudiantes, algo que no llamo clases académicas sino así, sesiones de 6 a 10 de la noche, les mencioné un artículo que yo había escrito hace un par de años. Ese artículo intentaba explicar, con una analogía, dos conceptos importantes en las finanzas: los Forwards y los Futuros.  Hice el comparativo, referente a que una camiseta de una tienda de cadena (no sé, por ejemplo Falabella), hecha en serie, todas igualitas, se asemejaba a un futuro y una camiseta mandada a hacer con diseñador, a la medida y con una tela exclusiva, se asemejaba a un Forward. 

Me puse a ver más artículos viejos y releí algunos, releí lo que yo escribía antes. Es que a los lectores nuevos, que son varios, les explico: hace bastante tiempo yo empecé a escribir un blog diario políticamente correcto y profesional, con la intención de explicar lo que pasaba con el dólar, con los bonos del gobierno (que se llaman Tes) y cosas así. Ese era el plan inicial, formal y ortodoxo. Luego me empecé a emocionar y le empecé a meter percepciones de la vida, libros que andaba leyendo, revistas, frases, series, películas y lo que era solo finanzas se convirtió en un concepto cuyo nombre sería el que luego adopté para mi propia página web: La Vida en Finanzas. aquí el link: http://www.lavidaenfinanzas.com

El ejercicio diario y estricto (y al decirles diario y estricto me refiero exactamente a que todos los días hábiles a las 6 de la mañana, pasara lo que pasara, la gente recibía el mail con lo acontecido el día anterior) propició la unión de más y más gente, más adeptos, que querían recibir sus dos-tres párrafos diarios de percepciones financieras y no financieras. Tal cual, la vida en finanzas. Siempre utilizaba el mismo derrotero, la misma espada de batalla: que lo entendieran mis papás, mi tía, mi jefe, mi cliente de Nueva York o mi primo arquitecto. Cualquier persona.

Hice un villancico, me inventaba crucigramas, poemas, retruécanos, hice varias analogías que incluso sigo reseñando, hablé de Djs, de fiestas, de cocktails, de descripciones de platos, de canjes de deuda, de colocaciones, de coberturas, de libros. Siempre. Y pues sí, era un informe diario, que se podía leer al cabo de dos días, pero no tenía el mismo efecto, ya que los datos ya caducaban, el artículo perdía vigencia por decirlo de alguna manera. Por lo tanto, a la par de mi artículo empecé a escribir mi libro, algo que fuera más a largo plazo. Mi bello y ansiado libro, la mezcla entre aspectos reales y fantasía, ese hijo mimado gestado en 2017 llamado OSÍAS Y LAURA. Este sí que sería algo imperecedero.

Como cuando los hijos crecen, pues hay que dejarlos ir. Y ya OSÍAS Y LAURA nació, ya está circulando y no puedo modificarle su estructura. Debo volver a la mascota, podría volver a mis informes diarios. Podría volver a escribirles sobre esta locura de los Tes, sobre las tasas del Banrepública, sobre mis libros que leo, sobre el pop, sobre el drum & bass, sobre el K-pop tal vez, o sobre el delicioso capuchino que tomo mientras leo a Balzac. Los temas y las ganas de escribir siempre están ahí, son esas ganas que siempre están durmiendo al lado mío.

La escritura y la lectura es esa amante furtiva que siempre me hace ojitos, que nunca me desampara, así algunos días o meses la deje olvidada. La cultura siempre está en mí, varios años adelante y ya con mi primer libro a cuestas.

La vida en finanzas volverá.
En mi instagram @kemistrye pueden ver más cosas y mi última mezcla que hice (sí, también soy DJ) la pueden oír aquí,  tiene que ver con todos los ritmos rotos deliciosos como el jungle y el Drum & bass:

https://www.mixcloud.com/jorge-ruiz8/broken-rhythms-1/

Nunca está de más divagar….

Luego de leer varios autores, cuyos nombres ya he mencionado varias veces, confirmo el valor de las divagaciones. ¿Cómo definiría esto? para mi las divagaciones se dan cuando el pensamiento habla, cuando la mente se pone a hacer sus monólogos. Iba caminando y pensaba que muchas veces estoy callado, muchas veces no quiero hablarle al prójimo, pero me percataba que mi ser no estaba sintiendo ninguna tristeza o depresión. ¿porqué si estaba feliz no quería hablar? concluí que sí, que el no querer hablar con nadie puede estar motivado por la más profunda tristeza o depresión, pero también puede estar motivado por la más deliciosa placidez o felicidad. Sí, me lo permití aceptar, no querer hablar no tenía que ir de la mano con estar triste. Es más, no hay necesidad de salpicar la placidez con palabras exteriores. Pasé la página. 

Ando viendo una serie en Amazon Prime llamada “Mixte”, sobre un colegio, el instituto Voltaire, en París de los años 60. No sé qué tengo con esa época, por este lado me llama, por otra película “Madame Claude” me llega lo mismo y al ver otra película, llamada Birds of Paradise, sobre el ambiente competitivo del ballet, me impregné de ese espíritu parisino. Pero bueno, la profesora del instituto se quejaba porque los jóvenes de esa época solo hablaban de un tal Elvis Presley, solo querían ver las caderas de Brigitte Bardot; decía que la adolescencia estaba en decadencia. Sonreí, qué cosa con los adultos siempre pensando eso.

Luego abrí un libro que ando leyendo, “las ilusiones perdidas”, de Balzac, y en los comentarios previos decían que este libro narraba, entre otras cosas, la vida de los jóvenes en 1820, es decir, los que nacieron en 1800 luego de plena Revolución Francesa. Y sí, escarbando entre épocas, veía que la idea sobre los jóvenes siempre es la misma. Puede ser tan equivocada como acertada. Siempre podremos decir que la juventud es de tal forma y creemos que estamos en una época en la que no se puede ser peor. Yo digo que siempre será igual, además siempre los que son jóvenes y aparentemente modernos inevitablemente crecerán y llegará el momento en el que vean un programa o una canción de moda que no conocen, y ahí el ciclo se repetirá. Nada más cíclico que pensar que la juventud está perdida.

Luego fui a Apple TV y andaba viendo una serie sobre todo el universo matemático creado por Isaac Asimov. La serie es bastante ostentosa y ambiciosa, se llama Foundation. Pues bien, varios términos repasé, como por ejemplo la base 10. En este momento todo lo hacemos en base 10, de hecho como contamos (1, 2, 3….) está basado en la base 10. Pero la protagonista hablaba de base 12, que tiene más factores que el 10, o de base 27, según ella el número de partes del cuerpo. Varios conceptos sobre los números primos, tanta cosa que quedé embebido y emocionado, tan es así que ando leyendo un libro sobre Números Irracionales. El conocimiento y la placidez es infinita, pero para eso hay que escarbar. Y sí, no es necesario conversar.

Los dejo, debo dejar las letras ahora y meterme en ese mundo. Hay que ser racionales con lo irracional. 

P.d. ya está mi nuevo mix hecho…
Bueno, ya saben que en mi página http://www.lavidaenfinanzas.com habrá más divagaciones y aquí está mi último mix, tiene todo lo mejor del uplifting trance. DENLE PLAY PARA ENRUMBARSE, HOY DOMINGO O CUANDO SEA: para la cultura no hay día.

Bajo las estrellas de parís

¿Qué harías si vives en la calle, si eres un mendigo rebuscando el pan diario, a merced del fulgurante sol si estás en clima caliente o con la amenaza de las madrugadas heladas si eres de clima frío? Estás en tu rebusque, durmiendo en un caño, arropado con el periódico de ayer, ¿qué harías si te encuentras, en medio de basuras, perros famélicos, restos de comida, icopor y cartón a un niño? El niño no habla tu idioma, de hecho el niño no entiende nada de lo que tú hablas. ¿Qué harías? Difícil decisión, difícil dejarlo tirado pero también difícil acogerlo, ¿cómo lo abordarías? ¿cuál es su historia? ¿a qué le apuestas?

Ahora situemos esto en París. La pluricultural París, una gigante e impávida ciudad donde conviven mil culturas. Algo así es el tema de “Bajo las estrellas de París”, una bella película que pueden ver en cine ya desde el 2 de septiembre de 2021.  Pues bien, el niño que la señora de la calle se encuentra se llama Suli y es de una ternura inconmensurable. Vamos a ver qué sigue ocurriendo. Hay varios cines donde la presentan, no es sino que busquen en su ciudad y googleen el teatro. En verdad es como una hora y 30 minutos de lindos sentimientos, de silencios a veces incómodos, de jugarretas motivadas por la señora, inventándose cualquier tipo de nariz de payaso, de gazmoñería, para tratar de entrarle a Suli, tratar de averiguar su pasado para ver si así puede intervenir y mejorar su futuro.

Si el tema de la película lo traslado a mi realidad, encontraré varios ejemplos. Hace poco salí a caminar con mi bebé hermosa, íbamos a comprar helado. En el transcurso me encontré a mi amiga Sheila, una niña del Chocó que vende bolsitas de basura en el semáforo: ya somos amigos, es muy linda. Luego caminamos dos cuadras más y me encontré al parcero que cuida carros, me contó que su hijo fue llevado al ejército al Caquetá y andaba preocupado por lo que le pudiera pasar. Hablamos de rap, incluso él creía que yo era un artista, bueno en parte lo soy. Cualquier ayuda es mínima, decía yo para mis adentros. Ellos son mis amigos de caminatas, los amigos que uno forja en un semáforo, en un pare, pasando la calle, solo abriendo un poco los ojos.

Ellos, cada uno con sus historias. Bajo las estrellas de París o bajo las estrellas de Bogotá.

Una regla de cálculo en 2021

Estaba yo caminando una noche a las 9pm y los señores porteros del conjunto residencial, Nelson y Dídimo, se me acercaron, comentándome algo muy parecido a lo que viene a continuación:
-Don Jorge, cómo me le va, lo que pasa es que por ahí encontramos algo, no sé bien qué es, pero pues yo lo he visto con sus libros, siempre por ahí paseando, oyendo música y bueno, probablemente esto le pueda interesar- me dijo uno de ellos.
-¿Qué podrá ser? Muéstrame- le respondí yo, bastante inquieto.
Me mostraron un estuche plano de cuero, de unos 16 cm de largo por 5cm de ancho. Empecé a sacar lo que había adentro, empecé a desenfundar una especie de regla, así como un samurái desenfundando su katana, como un jedi desenfundando su sable de luz. Poco a poco lo que empecé a ver me empezó a deslumbrar. No podía creer ver lo que estaba viendo.
-¿Qué será lo que es eso, don Jorge?- me dijo él, -parece como una regla, es extraña-.

Yo en verdad me emocioné muchísimo, ellos pueden dar fe de mi asombro. En el libro de “Alex en el país de los números”, uno de mis libros favoritos, ya las había oído mencionar. Cuando la abrí me di cuenta de lo que era, no podía ser otra cosa: una hermosa regla de cálculo ARISTO número 89 hecha en Alemania. Es una belleza, en verdad no podía creerlo. Eso sí es una obra de arte.

-Oigan, no se imaginan lo que esto significa para mí, esto es una regla de cálculo. Esta regla de plástico con varias escalas se usaba antes para sacar logaritmos, para elevar, para multiplicar, fíjense, cada escala sirve para algo- les empecé a decir totalmente embelesado. Claro, ver una especie, no en vía de extinción, sino más bien totalmente extinta, era una absoluta serendipia, era un maremágnum en mi sed de conocimiento, pero más bello, incluso más bello aun fue el detalle que tuvieron ellos conmigo, es ellos haber encontrado esa regla en la basura, en algún lado, y haberse detenido un momento y decidir que me podría servir a mí. ¿Porqué a mí? Siempre he pensado que cuando algo me ha de llegar, me llegará. Y pues sí, me llegó esa hermosa regla, ¿quién sería el dueño? Algún señor de 80 años que la usó en los años 40 durante sus estudios universitarios, tal vez con esa regla pudo realizar algún cálculo topográfico. ¿Quién pudo haber sido el dueño, la dueña? ¿Una maestra de algún colegio distrital en los años 60? Qué belleza.

Ahora soy yo el dueño. La regla de cálculo fue diseñada por William Oughtred, un ministro anglicano, en 1623. Hay unas más avanzadas que otras, la que yo tengo puede elevar al cuadrado, elevar a la 3, sacar el seno (no piensen mal ni alcen la ceja), sacar la tangente, el logaritmo y multiplicar con tan solo deslizar la regleta del medio. Es impresionante la precisión. Precisamente un señor llamado Peter Hopp manifestaba, sin miedo a equivocarse, que entre 1700 y 1975, “todas y cada una de las innovaciones tecnológicas se hicieron gracias a una regla de cálculo”.
No puedo de la emoción. Claro, en Youtube busqué tutoriales para aprender a usarla bien. Los resultados son descrestantes. Esta regla fue la reina, fue la aliada de técnicos, matemáticos, profesores, inventores hasta que en 1975, llegó un meteorito que cortó de tajo ese planeta de las reglas de cálculo, fue el meteorito que zanjó de raíz, que se llevó arrasando todas las escalas, los estuches de cuero, todas esas reglas que habían sido fabricadas unas en hueso (las primeras) y otras en plástico (las últimas). Ese meteorito fue la Calculadora de bolsillo.

La calculadora ofrecía los cálculos inmediatamente, además era barata. Sin embargo, los aficionados a las matemáticas recuerdan estas reglas como un objeto de culto, yo me uno a ese grupo. Qué bello recordarlas. Qué orgulloso y afortunado me siento al tener, al lado de computadores avanzadísimos de 1 Tera de memoria, al lado de música hecha con algoritmos de Ableton y loops sofisticados, al lado de smartphones que toman fotos espectaculares y hacen mil cosas a la vez. Junto a todas estas cosas, en mi caverna donde están mis libros, mis colores y todo lo mío, reposa ahí esa hermosa regla de cálculo Aristo 89, regalada por ellos.  Por Dídimo y Nelson.
Una regla de cálculo en pleno año 2021.

Qué delicia sería no dormir

Este fin de semana me vi un capítulo súper esperado de una serie llamada Modern Love, en Amazon (recuerden: la vida televisiva no consiste solo en Netflix). Creo que es una de las series más lindas que he visto; la primera temporada fue hermosa y la segunda, por la que voy, también pinta impresionante. El hecho es que hay un capítulo en el que se conoce un hombre y una mujer en una provocativa cafetería en New York City. Resulta que ella tiene un trastorno o condición llamada “Síndrome del sueño retrasado”. Ella explica que es una alteración del ritmo circadiano, así que se duerme a las 8 de la mañana y se levanta a las 5pm. Estando en su hora productiva a las 10pm conoce a un tipejo que vive su sueño y su vida de una manera, entre comillas, normal. Hablando de eso, ella le dice que no, que más bien hay varios tipos de vivir en normalidad. Luego se conocen: ella una persona activa de noche y él, un señor activo de día. No les cuento más, vayan y alisten las crispetas.

Este tema trajo a colación algo que siempre me ha encantado. Siempre he pensado en que me encantaría hacer lo cotidiano, bañarme a las 7am, trabajar, almorzar, en la tarde trabajar, coger el transporte, dar clases, coger buses, llegar a la casa, comer, ver tele, se va haciendo de noche, lavar platos, ponerme el piyama o la piyama, leer, pintar, hacer mixes, escribir, despedir a las niñas que se van durmiendo porque al otro día deben madrugar, luego cumplir las labores biológicas necesarias maritales, el coqueteo, despedir a la cónyuge de un beso en la frente y listo, es la 1 de la mañana. Ahora empieza la segunda parte. Siempre pensaba que luego de eso cotidiano, me iría para mi caverna u oficina, me pondría ahí sí a leer, a disfrutar de mi soledad, de mi epicureísmo, tal vez saldría a caminar un rato, por toda la carrera 19 absolutamente vacía, escribiría, pintaría, oiría música, podría verme otras dos películas más, tomaría café cuando que, uff, ya son las 6:30 de la mañana, debo sacar a mi perrito, levanto a las niñas y me baño a las 7am nuevamente, para que el día laboral y aparentemente normal comenzara de nuevo.

Me encantaría eso. Siempre lo decía, decía que qué delicia ser vampiro. En la serie Modern Love no era estrictamente así, ya que la señora dormía de día. Me encantaría no dormir, pienso que dormir está sobrevalorado. Eso lo dijo Kate, una niña de otra serie (The bold type). Obvio hay que dormir, es algo biológico, pero como actividad, si de mí dependiera, qué delicia sería no hacerlo; aunque lo delicioso y realmente valioso sería no hacerlo mientras el resto sí durmiera.

La señora en la serie decía que le encantaba caminar por su barrio desolado a las 3 de la mañana, saber que la ciudad está toda lista para ella. Me encanta sacar a mi perrito a la 1 de la mañana y pararme en plena mitad de la calle y que no pase ni un carro. Les confieso, varias veces he hecho eso. Sentir el sonido de la calle en silencio, virgen, presta a ser seducida. Es un periodo solo para mí, es mi posesión ígnea, la noche es mía totalmente, mientras todos duermen. Nadie habla, no hay posibilidad de insolarse.

Los dejo, ya está amaneciendo, me debo ir a hacer la siesta.

La revolución de los colores


La labor de la escritura tiene varias aristas. Está por un lado quien tiene un diario, escribe para sí mismo y en este caso el acto de escribir cumple la función de catalizador, de liberación, de desahogo. Quien lo hace no necesariamente querrá que lean sus memorias, es algo más íntimo. Está también quien quiere contar una historia con el objetivo de hace reír, de hacer llorar o de hacer remover la más recóndita de las fibras. Introducción, nudo y desenlace.
Luego me meto yo ahí como en el medio de estos dos objetivos, simplemente divagando aquí e ilustrando varias ideas que me han llamado la atención, palabras nuevas, series interesantes, libros y tendencias. La vida culta está llena de estímulos, siempre hay cosas nuevas por aprender, el mundo es demasiado gigante, además cada mundo es una infinidad de culturas y si las multiplicamos por las diferentes épocas el abanico se abre: es saborear la cultura, es solazarse con ese libro antiguo mohoso de hojas amarillas, es concentrarse en esa serie o película que no quieres dejar, es disfrutar el teclado de una canción que bajé en Apple Music sin la cual la vida sería más aburridora. Cada uno de esos ítems es un dije, cada uno es un ladrillo que va conformando una edificación sólida, una casa hermosa, imperecedera, que nadie tumbará. Esa es mi mente. Tu mente. La mente del consumidor de cultura.
Eso somos, eso soy. Un consumidor de cultura. Consumir no significa memorizar. Alguien me preguntaría por ejemplo cómo era exactamente la trama de Ana Karenina o de cualquiera de los cientos leídos en el pasado. Diré, no con vergüenza, sino con orgullo, que no me acuerdo. Lo leí, lo disfruté pero no recuerdo. Pero algo me queda. Antes hacía el ejercicio de escribir lo que se me fuera viniendo a la mente y yo mismo me sorprendía de denotar zonas geográficas de Francia, nombres griegos y escritoras estadounidense que en la superficie no estaban, pero que había leído antes. No importa exactamente saber qué ocurrió, lo que importa es saber que gocé leyéndolo, recordar lo que sentí. Recuerdo vívidamente cómo iba leyendo en el Kindle en 2014 a Ana Karenina, cómo gocé, cómo me conmovió el final. Cómo gocé leyendo a Carmen Posada, a tantos, a tantas. Eso es lo que importa, ella (o bueno, él, Tolstoi) ayudó a poner ese ladrillo.
El escritor es un obrero.
Me llama la atención quien no lee, me llama la atención quien empezó a leer este artículo y lo dejó a medias y no está leyendo esta línea. Quien dejó una serie en visto y no supo saborear el final, quien se terminó disipando. Cómics, películas vanguardistas, películas ochenteras básicas. Hace poco vi una película rusa que transcurría en San Petersburgo, con unos muchachos ladronzuelos en patines de hielo. Luego contrastar esto con otra que vi hace poco, dirigida por Almodóvar, en una Madrid noventera bastante aburridora. “La realidad debería ser prohibida” decía una de las protagonistas, no sé si Rossy de Palma o quién era. Contrastar la belleza de la protagonista rusa, Sonya Priss, en Silver Skates, con los rasgos bruscos de Rossy en La flor de mi secreto. Luego ver la historia de María Estuardo en Mary Queen of Scots, magistralmente interpretada por Saoirse Ronan. Luego ver las 4 horas de La Liga de La Justicia. La cultura es contrastar.
Sí, siempre me llamará la atención quien no lee, quien no se emociona, quien vive la realidad como único o principal derrotero, dejando los designios mentales al discurrir de los periódicos, de las legislaciones y de las normalidades. Quien deja los designios en manos de las conversaciones.
Luego compraba unos lápices Faber-Castell de cuerpo negro, no color beige como siempre habían sido. La revolución de los colores. Con ellos dibujé a Olafo, sí, el clásico, pero también Anime actual, la convivencia de lo nuevo con lo clásico. Nuevos muñecos y peluches como Rilakkuma. Siempre la música de fondo: ¿porqué siempre debemos añorar lo viejo? Sí, Edith Piaf es hermosa, todo lo de las Valquirias y los Nibelungos de Wagner, sí, la música concreta y lo barroco pero también el último jungle recién salido de los estudios de Londres, los comebacks de los idol groups de Korea. Claro, nosotros le llamamos K-pop, allá ellos le llaman idol groups. Es hermoso todo lo que tiene que ver con el K-pop, hay muchos términos: las maknaes, los comebacks, las sub-unidades, el bias, el hiatus. Ser experto ahí pero no quedarse ahí: está el jazz, el trance de Holanda, el rock de The Y Axes de San Francisco.
El diletante cultural siempre va sacando los ases debajo de la manga, debajo de su blazer fino, de su hoodie Vans blanco.
Todo lo obtenemos de afuera y como dijo Coco Chanel: lo más importante en la vida es gratis y lo segundo más importante en la vida es carísimo. Y sí. Está la moda, las lociones, los cuellos plisados, los tenis de suela gorda de Valentino, las bufandas Burberry, el estilo, el maquillaje. Es pintarse las uñas, es lo hermoso de lo binario, es derribar estereotipos, es simplemente ser auténticos. Que los hombres usen falda, como esa de lino escocés que una vez usé y aun tengo en mi armario.
Sí, la revolución de los colores.
Esto fue un 0,001% de todo. Algo le quedará a alguien, alguien tal vez ahora al final esté sonriéndome. Lo logré.

Qué eligen? contemplación o nostalgia?

Tenía algo en mente, lo tenía clarísimo, tenía una maqueta de cómo podía plasmarse, cómo iba a ser escrito, pero se fue. La musa se fue, esa Musa con mayúscula mencionada en La Odisea, libro que muchos siguen viendo como un ladrillo sin darle una segunda oportunidad. Le damos segundas oportunidades a la gente, a la pareja que se equivocó, al hijo emprendedor fallido, pero no le damos segundas oportunidades a un libro que probablemente no tuvo su oportunidad de éxito en alguna época pero de pronto ahora sí. En su biblioteca seguro hay libros esperando segundas oportunidades.

Lo que quería plasmarles es que podemos decidir la contemplación o la nostalgia. La primera es vivir el presente y la segunda vivir del pasado. Vivir ya o aferrarnos a lo vivido. Salir a caminar, eso sí solo, la contemplación no puede darse en compañía, a su propio ritmo y detenerse para mirar un perro raza crispeta ladrarle al vecino. Verlo como se vuelve cascarrabias, luego ver un indigente que va jugando con la carretilla, simulando competir en la fórmula 1. Antes me sentaba en un jardín al lado del Museo Nacional, con una capucha para cubrirme del sol. Creaba mi propio silencio. Sí, contemplar, sí, pero tratar de no quemarse, nada genera más arrepentimiento que confiarse y luego estar a las 10pm con la frente carmesí, la piel mustia y el ánimo enardecido por no haberse cubierto la cabeza. Contemplar, llevar colores con los cuales subrayar un libro. Ser cultos.

¿Decían por ahí que es sacrilegio subrayar? Probablemente lo sea. Probablemente entonces soy el más sacrílego por imprimirles mi sello. Pero no es solo leer, es mirar el bus pasar, mirar el ahora. Ya no sé nada del pasado, no añoro, no podemos añorar. Acaba de pasar un bus y huele a humo, luego llego a la casa y huelo unas especias que me regaló una amiga de Turquía. Henry David Thoreau se fue a vivir al campo y escribió uno de los tantos libros que leo en este momento: “Una vida sin principios”. Decía que así de ineficaz es la conversación cotidiana. Es probable que sí. También estoy seguro que puedo hallar ese silencio en el ruido, no tengo que irme al bosque.

Nosotros podemos armar nuestro propio silencio. Y, claro está, disfrutarlo.

Bueno, aparentemente volvió la Musa.

La mujer como estandarte de cultura y fortaleza

Amo las diferentes culturas del mundo. La coreana, la japonesa, la noruega, la francesa, qué hermosura todo. Todo, con signos de exclamación. Y claro, es complicado más no imposible viajar a cada uno de los países para aprender de ellos. Así que, tal como Julio Verne escribía sobre viajes fantásticos por todo el planeta tierra encerrado desde el escritorio de su cuarto, huraño y ensimismado, yo también puedo aprender sobre diferentes culturas desde la comodidad de mi caverna. Y sí, también huraño y ensimismado.

Puedo aprender por medio de la lectura, de las series y de las películas. Por ejemplo, con Ragnarök, una serie, aprendí sobre mitología nórdica: el Mjölnir, la serpiente Jörmundgander y así; con series como Sysiphus puedo ver cómo es la cultura coreana. Con un libro que leo ahora, La educación sentimental, de Gustave Flaubert (el mismo de Madame Bovary), puedo ver cómo era la cultura francesa durante la revolución de 1848. Y así, ejemplos siguen por montones, si compartiera 100% todo lo que veo y aprendo cada día, pues creo que no acabaría nunca. El conocimiento, la belleza y los estímulos fluyen a borbotones. Generan libaciones y escarcha.

Por hoy, tengo otra cultura de la cual hablarles: la árabe. De hecho, el 29 de julio en cine estrenarán una peli llamada LA CANDIDATA PERFECTA, dirigida por Haifaa Al Mansour. Es filmada en Arabia Saudita y narra de forma magistral esa discriminación absurda que sufren las mujeres. La protagonista, quien es interpretada por la actriz Mila Alzahrani, es una doctora y por cosas de la vida termina lanzándose al Concejo de su ciudad, termina metiéndose en política. Imaginen el machismo, la discriminación, las burlas, a ella solo por ser del género femenino. Obvio no puedo darles spóilers, pero solo les contaré que un señor viejo, de unos 80 años de edad, se negaba a ser atendido por una mujer e incluso prefería casi que morir a verse rebajado a delegar su salud a alguien que no fuera hombre. Absurdo, absurdo. El mundo, el ser humano tiene demasiadas cosas absurdas.

Esto concuerda con un libro que acabé de leer: Recuerdos de mi inexistencia de Rebecca Solnit. Caí rendido a los pies de Rebecca, ella es una autoproclamada feminista y esta obra, equiparable a un diario, refleja todas sus memorias cuando vivió en un apartamento en San Francisco. Ella se empezó a dar cuenta de los problemas que empezó a vivir por el simple hecho de ser mujer. Acosos, violaciones. También empezó ella a presenciar fuertes muestras de homofobia. ¿Porqué existe la discriminación? Esto sí me lo pregunto yo. Me parece absurdo, nunca lo entenderé.

Ella llega a una conclusión: la homofobia es misoginia. Piénsenlo así, no más recuerden en su colegio cuando molestaban a alguien que probablemente fuera homosexual, siempre se le comparaba con su alter ego femenino. Esa burla al hombre homosexual, tildándolo de “mujercita”, implicaba una burla que, claro, no lo había pensado, es misoginia, porque conlleva una subvaloración a la mujer. Este libro tiene muchas cosas espectaculares, así como la película, una película que amé. Pueden buscar en Google los teatros donde la presentarán.

A la protagonista de la película, una médica (o médico, qué más da lo que digan las reglas), mucho más inteligente y sensata que los hombres que tenía su alrededor, sufre burlas, es una dura trabajadora. Tal vez así algún día derribemos los absurdos estereotipos. ¿Porqué el rosado es femenino? ¿Porqué a un hombre le tiene que gustar el fútbol sin caer en la homosexualidad, como por ahí oí la otra vez? ¿porqué en Arabia una mujer no podía mezclarse con los hombres en un recinto cerrado? ¿Qué tuvo la mujer para ser tan subvalorada?

Nada qué hacer, nunca lo entenderé. Por lo menos aquí aporto mi granito de arena. 

Huevos de gallina fina

Hace varios años, no en la ciudad que vivo actualmente sino en otra, iba a almorzar un sitio que tenía muy buena sazón; casi siempre iba, me gustaba el ambiente pero lo que más me llamaba la atención eran los calificativos que le daban a los platos. Una vez fui, no a almorzar, sino a desayunar, entonces me acerqué al buffet y le dije al muchachón:
-¿Qué tienes para desayunar?-
-Huevo de gallina fina- me respondió con una seriedad tal que me dejó desarmado. O sea, uno responde serio cuando se refiere a que el pollo está horneado, eso es incontrovertible, pero de ahí a que alguien me asegure que la gallina es fina me dejó perplejo. No pude evitar soltar una leve sonrisa, le pregunté que cómo venían, es decir de qué manera podrían ser cocinados unos huevos de gallina fina para que no perdieran su finura, para que no llegaran a convertirse en huevos de las gallinas del vulgo.
-Se pueden revueltos, en cacerola o cocidos-
-Amigo, tráeme más bien un café con leche, gracias- le dije.
Me quedó sonando eso, me quedó sonando cómo en la mercadotecnia, en redes, en mil partes, se usan adjetivos muy chistosos. Al cabo de varios días volví y el señor, bastante gracioso en su rictus, me ofreció de almuerzo “picada bogotana”. Le pregunté que cuál era la picada bogotana, a lo que me respondió: “mira, tiene chunchullo, bofe, costilla….”. “Tranquilo amigo, no hace falta, dame más bien un pollo al horno”.
Me quedé pensando, no tanto en el mesero, sino en la dueña o el dueño, supongo que dirían algo parecido a esto:
-Desde hoy vamos a ofrecer desayunos. No ofrezcamos cualquier huevo, qué jartera el huevo común y corriente- diría la gerente, perdón, la CEO del restaurante.
-Mamá, yo estoy haciendo un curso de marketing en la universidad. Mira que para vender, por ejemplo en un proyecto inmobiliario que están construyendo, en las fotos ponen familias sonriendo, un papá fortachón y pintoso, dos niños divinos felices porque pues no pueden estar tristes en la publicidad de un proyecto inmobiliario. Sí, yo he visto eso. Se me acaba de ocurrir algo revolucionario, ¿porqué no dicen que no son huevos de gallina normal sino de gallina fina?- Algo así podría decir el hijo.
Y sí, siempre recuerdo eso. No hablaban de pollo, sino de aves de campo. No decían salsa de tomate, sino katchup. Katchup en un restaurante de aquí. Seguro volveré y pediré cubitos finos de procesamientos avanzados de soya; perdón, tofu.
Recuerden que todas mis historias están en http://www.lavidaenfinanzas.com y en el instagram @kemistrye

Volvamos al cine

Volvamos al cine, con esta película 
Mis opciones de diversión siempre se debaten entre la música, la lectura, la escritura, las películas y las series. Hay mucho de dónde escoger, cada vez veo más calidad, más originalidad, más contenidos frescos. Dentro de todo esto hay una película que llega a la pantalla grande, se llama Lazos de familia. Sorry we missed you en inglés. Hay una palabra llamada empatía, tan ahora de moda. Consiste, de alguna manera, en ponerse en el lugar del otro. Con esta película, casi lloro al sentir casi en carne propia las angustias, los problemas, los sentires de sus personajes. Es inevitable no quedar impregnado de algo de estas vivencias, plasmadas de manera muy madura, sin artificios, sin efectos, puro pulso, puro músculo, la angustia por sobrevivir.Estamos hablando de una familia de clase humilde en la Inglaterra industrial, lejana de todo el boato que vemos en la moda, lejos de la realeza, la Londres complicada, de gente que debe coger tres buses durante su jornada laboral, donde el protagonista Ricky (magistralmente interpretado por Kris Hitchen) debe sorteársela toda, todo el tiempo, entregando paquetes de correo, con el temor por dañar las estadísticas respirándole en la nuca. Hay accidentes, hay peleas, hay una angustia propia de películas tan inexplicablemente llamadas Cine-Arte, donde no hay un desenlace definido, donde la dinámica tradicional introducción-nudo-desenlace no existe. Aquí cada segundo cuenta y las vivencias se dan, a veces con pocas sonrisas y más bien muchos quebrantos.Está la niña pequeña que sufre al ver todo con impotencia. Está el adolescente con problemas. Es un espejo, cada quien ha tenido algún problema con el que se sentirá identificado.No la dejen de ver. Es el cine europeo, con dirección de Ken Loach, en su máxima expresión. No se arrepentirán, cuando acabe la película dirán para sus adentros: “qué afortunados somos”. Nos da para percibir ese aliento de realidad, nos da para valorar la tranquilidad, la libertad, el descanso. Vayan, pues qué mejor que verla en cine ya ahora que se puede.En mi instagram @kemistrye pueden escribirme y contarme qué tal les pareció. En cuanto a series tengo unas muy buenas, en cuanto a Techno hay cosas deliciosas, de las cuales les hablaré después. O si les interesa escríbanme y les cuento.@cineplexcol
aquí les dejo dos páginas donde pueden ver mis artículos:todos los vivenciales están en http://www.lavidaenfinanzas.com

o también en mi blog de Portafolio : https://blogs.portafolio.co/la-vida-en-finanzas/2021/07/07/volvamos-cine-mejor-esta-opcion/