Chistes financieros (para no financieros)

Supongo que en todos los sectores ocurre. Imagino que los astronautas cuando van en sus cohetes a Marte, así casual, normal, hacen chistes sobre la propulsión a chorro o sobre la ecuación de la Gravedad, no tengo ni idea. O también los médicos, los biólogos o los arqueólogos cuando andan, normal, descubriendo alguna momia. Cada profesión tiene sus propios chistes. Yo soy financiero, por eso quería hablarles del humor financiero. Si van caminando o si oyen en Transmilenio a un par de mozos (o mozas) en esta situación, ya sabrán a qué me refiero.

A propósito de Transmilenio, ya es sonado este chiste. Recuerden, somos financieros, entonces nos toca comprar unos activos en unas pantallas. Supongamos el dólar: el mercado compra a 3.600 y vende a 3.650. Esa diferencia entre compra y venta se llama spread. Entonces cuando la gente está nerviosa, esa diferencia se amplía, así que uno oye decir a alguien que esa diferencia es tan pero tan alta que podría pasar por ahí un Transmilenio. Antes el chiste no era con transmis, sino con buses o flotas o trasatlánticos. Este es un gran clásico. En el futuro podremos decir que ese spread está tan alto que por ahí puede pasar el metro de Bogotá.

Hay otro clásico. Supongamos una tormenta financiera, un 2008, cuando todo el mundo está nervioso y todo está horrible, todos los precios van bajando. En este momento entra alguien y grita, haciendo la semejanza con el Titanic o Poseidón: “Atención, atención, mujeres y niños primero”, esto acompañado de una carcajada y un golpe en la espalda. Hay otro gran clásico, usado hasta por autoridades monetarias de amplio rango, en el que cuando al país le fue mal con alguna decisión, se le dice, con un argumento ampliamente sexista y polémico en esta nueva actualidad de polémicas, que le tocó “bailar con la más fea”, refiriéndose a que le tocó un paquete de medidas drásticas, qué sé yo.

Haciendo una pequeña variación regionalista, recuerdo que cuando había debacles financieras, en Cali cantaban una canción de un genero llamado Salsa, en la que decían “hay sangre en la arena y no es del torero…” algo así. Si alguien cantaba eso, era porque los precios de los bonos iban bajando.

Pero el papá de los chistes financieros es la tendencia, inefable ella, de comparar el mercado financiero con una fiesta underground a altas horas de la madrugada. Entonces cierren los ojos (ah, no, porque no podrían leer) e imaginen que empiezan a dar trago gratis a lo loco. Eso podría asemejarse a cuando las autoridades proporcionan liquidez exagerada. Aquí entra a jugar la imaginación: cuando prenden la luz en la fiesta, ocurre algo inesperado, puede ser que de pronto a Colombia le bajaron la calificación, era algo que no se esperaba. O si la gente ya está muy exacerbada, tendiendo hacia las alucinaciones y al éxtasis, podría asemejarse a una burbuja financiera. Por ejemplo si tocan la puerta y es la policía, podría asemejarse a problemas como el de Interbolsa. La gran party underground de los parqués financieros.

Bueno, los dejo. Yo soy el DJ de la fiesta y debo ir a mezclar un par de tracks antes de que toque cerrar.


 
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¿Porqué inflación negativa si todo está más caro?

El pasado 5 de noviembre, jueves en la noche, se publicó el dato de inflación del mes inmediatamente anterior, o sea octubre. En teoría se publica a las 7pm, esta vez se demoró como 15 minutos más; el hecho es que cuando vi el dato me sorprendí bastante: un grupo de personas encuestadas de varias entidades esperaban que los precios crecieran un 0.15% y lo que ocurrió fue que, al contrario, bajaron un 0.06%. ¿Cómo así -me preguntó alguien-, porqué anuncian que la inflación fue negativa el mes pasado siendo que yo veo todo más caro?

Esa pregunta me quedó sonando y se me hace necesaria explicarla a quienes no están metidos en estas lides financieras y económicas. Alisten una deliciosa bebida, yo dejaré en pausa mi nuevo libro, “El horizonte” de Modiano, para proseguir. La brevedad es la madre de todo. Entonces hagamos de cuenta que el Dane dice algo como esto: -“inventémonos un grupo de productos, pueden ser físicos o de servicios, que consuma una familia en promedio colombiana”

-“¿Cuáles podrían ser?”- diría la asistente.

-“Mira, muchacha, en promedio en Colombia la gente compra el periódico, algunos se suscriben a una cosa que se llama Netflix, compran televisores, compran licor, cigarrillos, medias, papas, patacones, pescado, aceite, por lo general algunos van(o iban) al cine, van a conciertos (desde Underworld hasta Paola Jara), pagan arriendos, pagan la pensión del colegio, el semestre de la universidad, hacen algún postgrado, compran celulares, manimoto (infaltable, eso sí) y zapatos. Habrá unos que no coman carne, unos que no tomen licor, pero en promedio, estadísticamente hablando, eso se hace en Colombia en el año 2020”-  diría el director de la entidad.

Con eso hacen un índice que vale 100 puntos. Entonces, de acuerdo a la importancia y al valor dentro del total, pues a Spotify le darían 1 punto, a la carne 3 puntos, al gasto en libros 2 puntos, y así. Se rankea de acuerdo a lo que se considera como importante en monto. Y rueda la película como dicen. Establecieron esa canasta, que es la canasta familiar, y desde hoy vale 100 puntos. Al cabo de un mes, analizan cuánto creció en promedio cada dato y si la suma de todo es 102, matemáticamente vemos que entonces el aumento del ipc, o lo que aumentó en promedio ese valor de la canasta familiar, fue 2 (o sea la resta entre 102 y 100). Eso en porcentaje es 2%, así que decimos que la inflación fue del 2%.

En ese caso, ¿la papa subió 2%? No. ¿Los arriendos subieron 2%? No. Más bien, en promedio los precios subieron 2%, unos más y otros menos naturalmente. Ya en el caso actual, la inflación fue del -0.06%, porque, si bien podemos ver que muchos bienes en el supermercado subieron, también es cierto que por la situación, por ejemplo la energía eléctrica y los arriendos bajaron. Claro, si alguien alquilaba su apartamento a 1´000.000 y no se le alquilaba, pues le tocó bajarle un poquito. También la educación bajó, representada en la pensión de colegios, pregrado y especializaciones. Los cánones ya establecidos fueron evidentemente bajados para atraer estudiantes.

Eso es lo ocurrido. Sigo con mi libro, ese sí estuvo bien barato. Me costó 10 mil pesos en La Gran Manzana.

Hasta la próxima 🙂

Jorge Ruiz

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