24 horas de libertad

El 5 y 6 de enero se celebran aquí en Popayán los carnavales de Blancos y Negros. O fiestas de Reyes, o blanquitos y negritos, como sea. Por ahí estuve averiguando, me encanta curiosear estas cosas, y aprendí que hace aproximadamente 400 años la población esclava pidió aunque fuera un día para descansar, para simplemente bailar y ya, para pasarla bueno. Día de asueto que llaman. Así como esa película La Purga: un día diferente a los demás. Tengo entendido que mandaron la petición y allá los señores españoles, con su pompa y boato, autorizaron el 5 de enero para que tuvieran sus 24 horas de libertad. Así que ese día pasaban bailando por las calles echándole betún a los viandantes para, en cierta forma, propiciar algún símbolo de igualdad. Pintémonos todos. Así fue más o menos, así lo entendí y así lo quiero creer. Luego todo el maremágnum empataría con el 6 que es la llegada de los reyes magos, que ya es algo con tinte religioso. Los que nacen el 6 de hecho son considerados reyes magos.
 
Siempre recuerdo estas fechas con mucho cariño; de hecho recuerdo una vez, yo creo que sería como el año 1999 o 2000, en el que vino Jorge Barón con su seguidilla de múltiples orquestas. Agüita para my people. Nunca había visto tanta gente reunida, echándose agua, harina y betún en plena Papal. No había acceso vehicular a Campamento. Recuerdo también bailando merengue, Disco Flamenco, en pleno 1994, tiritando de frío a las 6pm con mi peinado hongo. Recuerdo también montándome en camiones que alquilaba algún amigo, llenando bombas con agua y partiendo por toda la carrera novena, barrio Modelo, Ardú, tales, Banano’s, Catay y a tirarle bombas a todo el mundo, no sin antes parar en el Ruso para aperarnos de aditamentos etílicos. Nunca fui al Caldas, allá era otro calibre, ahí abrían ese hidrante, ahí el plan era más hardcore, más bucanero, ahí ya no era echarse agüita sino que ahí lo podían alzar a uno cuatro manes y ponerlo a recibir la presión del agua, pura potencia, contra el hidrante. Dolor de oído fijo en la noche. Todo era con respeto, todo era gracioso, así lo recuerdo siempre.

Después de estos dos días vienen las fiestas de Pubenza. Siempre hay eventos, muestras gastronómicas, conciertos y demás. Es el tiempo de celebración aquí, es un aire diferente al de la Semana Santa. Bienvenidas siempre las fiestas, no importa el origen, si religioso o no religioso, ¿qué importa que sean de origen español o indígena? Fiesta es fiesta y mientras sea positiva su intención, bienvenidas sean. Que venga la salsa, la música que sea, que se sirva aguardiente Caucano, destilados, anisados y rones, pero si no quieren licor, si el efecto del licor no gusta, pues celebremos con cafés, capuchinos, gaseosas, algo más estimulante, un buen red bull con bom bom bum y papitas de Los Comuneros con salsa rosada. Qué más da. Comamos de todo y celebremos. Por cierto, les dejo un dato que les puede servir para alguna trivia: la primera celebración fue el 5 de enero de 1607. Ahí empezó todo, aquí estamos en 2021 y la cuenta sigue.

Los invito a estar pendiente de las diferentes actividades que habrá por ahí. En la página de la Alcaldía de Popayán pueden mirar.

La fiesta continúa. 24 horas de libertad. 365 días más de vida. Dejemos lo malo para otras columnas.
Ya saben: todo lo visual en mi instagram @kemistrye 

y tú de qué colegio eres….

Me levanté, me puse mis nuevas botas Dr Martens azules plateadas, no las supero, y puse a hacer café. Creo firmemente en que la mejor manera de hacer café es tener un colador de tela y café normal, el Sello Rojo normal. Nada de unas variedades carísimas, que dizque excelso, a mí me sabe igual de rico. Me gusta tanto que todos me saben igual de rico. Yo salgo barato.

En fin, andaba yo con una sonrisa sardónica pintada en mi cara por un comentario que oí por ahí. Fue una conversación de dos señores de 45 años. Óigase bien: cuarenta y cinco años, nada de bebés ni imberbes ni nada. Un cuchacho le preguntó al otro: “a ese man no lo conozco, ¿de qué colegio se graduó?” Ahh, háganme el favor. Me dio risa, es decir, estos dos señores se habrán graduado hace 30 años fácilmente y tenían ciertos remilgos porque no sabían si tal señor merecía ser reconocido porque no se había graduado de tal colegio.

Me acordé de mi época de colegio y de un amigo, quien no estudiaba en mi colegio, un señor enanito, pero que en los intercolegiados se ponía el saco rojo de mi colegio y decía que estudiaba conmigo. Me dio mucha risa todo ese cuento, luego los compañeros de su colegio lo andaban buscando para pegarle.

Pero creo que la tapa de todo esto fue cuando trabajaba en Cali.

Resulta que estaban buscando una niña para que fuera asistente. Decían que sí, pues que debía ser mujer, bueno aceptemos eso: hay unos manes muy feos (es un chiste, por si acaso para los de la igualdad de género y demás). Lo chistoso es que en el clasificado pedían que tenía que haber salido solamente de dos colegios caleños cuyo nombre no diré. Me dio risa todo ese cuento de los colegios. Selección natural por procedencia de colegio.

Luego por ahí una niña dijo “parezco salida del Marymount”. Me dio risa, solo diré que me dio risa.

Seguro cuando tenga 90 años se me acerque alguien, yo le preguntaré: ¿eres de Los Andes, del Colombo o del Champa? ¿Qué promoción? Eso sí, tendré las mejores botas.

Más historias en mi instagram @kemistrye¿y tú de qué colegio eres?

Tantos acentos y tanto mecato

Hace unas cuantas semanas recibí un hermoso regalo. Un gran amigo de Neiva me mandó un paquete con mecato huilense: constaba de panelitas, café especial, una especie de bocadillos envueltos en hoja así como un pequeño tamal, achiras (qué buenas las achiras) y varios dulces. Lo disfruté mucho, fue un detalle muy chévere. Ese detalle me hizo pensar en algo: Neiva queda como a dos horas de Popayán y el mecato es diferente. Luego dos horas por otro lado queda Cali: allá hay un mecato diferente. ¿Porqué? ¿Quién lo decidió? Cada ciudad tiene su propia comida típica.

Empecé a imaginarme cómo se habrá formado popularmente cada comida típica. Imagino algo como esto: en cierta región del Cauca alguien decidirá hacer el tamal con un picadillo de papa que se llama pipián. Entonces en otra región alguien dirá: “No, yo lo quiero hacer así pero le quiero meter una presa de pollo, metámosle una zanahoria, innovemos” y se creó el tamal huilense. O en Tolima también alguien dijo: “No, hermano, yo le quiero meter otra cosa, aquí no se consiguen zanahorias, pongámosle zapallo papá”. Hagamos la sopa de otra forma, hagamos panelitas diferentes, así se va formando la cultura gastronómica. Luego vino a mi mente algo que me encanta: los acentos.

Imaginen no más una región colombiana: el suroccidente. En Pasto la gente habla de una forma, luego cuatro horas más para arriba, en Popayán, hablan diferente, luego en Cali, a tan solo dos horas, se habla transversalmente diferente. Y así, más para arriba llega el acento paisa. Y no más imaginen dentro de Popayán: los señores payaneses tradicionales hablan de cierta forma, los jóvenes de otra, las viejitas campesinas de otra. Incluso hay una familia de un gran amigo que tiene un acento payanés tan marcado que les dicen “los mexicanos”. Es decir, imaginen a Cantinflas, así tal cual hablan. 

En Bogotá los rolos tienen su acento, las niñas de colegio tienen un acento como de Nickelodeon. ¿pero cómo se formó? Es decir, ¿en qué momento una niña decidió pronunciar tal palabra de tal forma, comiéndose la “S” o alargando la última sílaba haciéndola más cantada? Me encanta este tema, podrán darme teorías, pero lo delicioso de esto es que no hay respuesta, ni Llinás ni Hawking lo saben. Los acentos comprueban la existencia de la generación espontánea. Nacen porque sí. 

Ya iba a acabar este artículo y salí el domingo a tonsurarme la sotabarba. Fui y el barbero me dijo “oye, ¿eres de Cali?”. Le respondí que no, que era de Popayán pero que sí, había vivido en Cali. Me dijo que se le había hecho raro que voseara, él me dijo que era de Venezuela. Claramente le pregunté: “oye, estoy haciendo un artículo sobre los acentos, ¿tú de dónde eres? ¿Cómo distingues los acentos en Venezuela?”- y él me dijo que por ejemplo él era de Maracaibo, que ahí eran como los costeños pero que en Caracas tuteaban más, luego me dijo que en Barquisimeto era el acento más cantadito. Me pareció espectacular el tema, ahí me dejó la barba bien bacana y le agradecí mucho. 

Me quedé pensando que seguro en otros países es igual. En EEUU las newyorkers hablan de una forma, diciendo “oh my God” cada tres segundos y de una forma súper rápida. En otro estado más rural, por ejemplo Kentucky, hablarán muy diferente. Supongo que en Alemania por ejemplo en algún colegio de Berlín alguna niña dirá “uy cómo así, esta niña tiene puro acento de Dresden, la boleta, y este otro niño que conocí ayer no me gustó, tiene puro dejo de Nüremberg, mejor no le hago caso”.  O en Rusia, en alguna universidad, este man le quiere caer a una buena rusa pero se patrasea porque no tiene acento de Moscú sino de Kazán, qué jartera. Cuentan también que al nuevo estudiante le hicieron bullying porque tenía puro acento de Novosibirsk.

Y sí, ya se alargó mucho este artículo. Voy a seguir practicando mi acento rolo mientras como manjarblanco, uon.

¿Criticamos o apoyamos?

A lo largo de la vida me doy cuenta de algo: siempre habrá críticas. Y creo que las hay entre más cosas hago, es natural. Porque ponen muchas tareas o porque no ponen nada. Habrá críticas si este blog es largo o si es muy corto; o si alguien pensaba que debía ser más financiero, que debía ser más solemne y se encuentra con mil ridiculeces fatuas sobre literatura y música, cosas que no son importantes; o si les hablan en chino cuando se mencionan finanzas, argumentando que las finanzas no es su tema. Criticarán siempre a quien no lee nada pero también al que solo piensa en devorar libros. Criticarán si ponen muchas capacitaciones pero también criticarán si no promueven el conocimiento. O cómo así, cómo es posible que un hombre se pinte las uñas de negro, absurdo.

Nada florece más que una crítica. La crítica es la planta más fértil del planeta tierra: se da sola, no necesita de agua ni de químicos, surge por generación espontánea, nace en tierra fría o caliente. Que qué música tan rara, qué es música de niñitas esa de Blackpink o de Twice o de Ateez, porqué la oye él, qué es esa música que solo suena chispum, es de aeróbicos, qué mérito tiene esa música house que es hecha en un computador. No tiene mérito esa música, dicen. Críticas. Seguro no conocen el Ableton.

No critiquemos, más bien apoyemos. Y les tengo dos cosas, dos eventos, dos hechos los cuales recomiendo totalmente. A ojo cerrado. 
Apoyemos, apóyenme, apoyémonos, apóyala. Es un verbo que debemos conjugar en todas las personas.1. Dando click aquí pueden votar por el departamento de investigaciones económicas de Corficolombiana (empresa donde trabajo, para quien de pronto no lo saben). Entren aquí y voten por ellos si así lo consideran, es un concurso de la Bolsa de Valores de Colombia: 

https://votacionesaie.bvc.com.co/edicion2020?url=15&utm_campaign=website&utm_source=sendgrid.com&utm_medium=email

LOS INVITO A VOTAR.. hay plazo hasta el 18 de diciembre 🙂 .)

2. Tengo un parcero que es fotógrafo y vende sus fotos, bien engalladas y en papel súper profesional, para decorar así como si fuera un cuadro. Se ven hermosas así gigantes en la pared. Aquí pueden ver la info y encargarle si les interesa: 

https://www.lacuellar.com

De hecho él me tomó una foto en París y muy probablemente la usaré cuando me publiquen mi libro. Seguro que sí.


Gracias
(en mi instagram @kemistrye verán más proyectos)

 

MAnk, máquinas de escribir y cripetas

Con el objetivo de propender por una mayor difusión de cultura, por las ganas de transmitir, de generar conocimiento, de motivar cejas enarcadas o para generar sonrisas, pongo aquí mi mente en piloto automático, mis manos con los dedos listos a la prestidigitación aprendida en mecanografía, algo que nunca se me olvidó. Yo llevaba la máquina de escribir al colegio, creo que era el único que sí hacía las planas, podría jurar que todos los demás hacían el “aaa-ñññ” con los dedos índices. 

Si quieren reír, les transmito una descripción que sobre un señor Lancaster hizo Christopher Isherwood en uno de los varios libros que voy leyendo, se llama “Desde lo más profundo”. Y sí, Christopher es británico, tiene ese tipo de descripciones mordaces que solo las he leído en libros británicos decimonónicos. Es un placer sensual leer lo que estoy leyendo. Dice así: “Las comisuras de los labios le tiraban hacia abajo, dándole un ligero parecido con un tiburón, aunque no un tiburón peligroso, ciertamente no de los que comen carne humana”. Jajaj, ¿qué podría estar pensando Christopher al escribir esto? Directo al frenocomio. Les transcribo otro ejemplo, otra faceta de la descripción que hicieron sobre este señor Lancaster, a quien a estas alturas ustedes ya lo deben estar imaginando: “Su nariz era larga y roja, con una insinuación de humedad en la punta..”.No escribo más, pero lo que continúa es mucho más agudo y ácido.

En cine vi Mank, la historia de Hermann Mankiewicz, un guionista de cine en los años 30s, luego de la Gran Depresión. Es en blanco y negro y precisamente cuenta cómo llegó este señor a idear el guion de Citizen Kane, la joya del cine de Orson Welles. Dicen que Mank fue el que la escribió y Orson Welles recibió inmerecidamente todos los créditos. Ni idea. Por cierto, deben verse Ciudadano Kane, es una joya del cine en verdad. Recordé esa época luego de la Gran Depresión. Recuerdo que el cine estaba floreciendo, Hollywood nacía, la gente de clase media en Estados Unidos no tenía dinero y en esos estados rurales de allá lo más barato era el maíz. Entonces la gente empezó a ir a los cines pero vendían lo más barato. ¿Qué era? unas pepitas de maíz que explotaban, algo que luego se llamaría Palomitas de maíz. Pop corn. Crispetas.

Y sí, por eso es que comemos crispetas en la actualidad en los cines. Todo viene siempre de algún lado. O sino que lo diga el cara de tiburón (risas de cine mudo).
Todo. Toda la locura, la literatura, los mejores zapatos y el mejor techno, solo en mi instagram @kemistrye
LA VIDA ES SOLO UNA. ES LA VIDA EN FINANZAS.

Historias para el festivo de velitas… 💫

Cada vez que frenaba, en el carro sonaba una especie de chillido en el lado izquierdo. Era extraño porque acababa de ser arreglado, debía llevarlo por garantía; sin embargo en semana era muy difícil. Tuve que esperar al sábado en la mañana. Ese día me desperté y salí sin bañarme, solo me tomé un tinto frío. Suponía yo que lo normal era dejar el carro, que lo arreglaran con tranquilidad, que se tomaran todo el tiempo necesario y me llamaran luego. Igual no importaba mucho, en estas épocas no uso casi el carro. Aceleré y cogí la autopista hacia el norte y sabía que por la ciento sesenta y pico debía cruzar a la derecha. Qué incómodo, cada vez que medio frenaba o que medio desaceleraba chirriaba jartísimo.

Llegué al destino. Edgardo, el señor del taller, muy querido (no sé, se parece como a Rafael Orozco, el del Binomio de Oro) me preguntó si quería tomar algo, de una le dije que tinto, pero pues yo le dije que me podía ir y que volvía luego, no pasaba nada. Él me dijo que no, que él iba a revisar si había mugre en los rines, me dijo que fijo era eso, y que en una media hora estaba listo. Me dijo que tranquilo, que esperara ahí en la sala. Andaba otro señor por ahí en las mismas, a ese no le encontré parecido.

Siempre, el 100% de mis minutos de la existencia, imagino estos momentos, por eso siempre ando con dos libros, un cuaderno, un lapicero, una revista y tres laminitas de álbum o stickers para pegar. Siempre estoy preparado, siempre ando con escudo, soy un guerrero literario y musical que anda con el lapicero como espada y varios libros como escudo. Ando con todos los implementos que inflan mi burbuja, audífonos con adaptador, de los gigantes, para desconectarme. Escudos kafkianos, de esos que usaaría Joyce. Esta vez cuando me senté, miré hacia la televisión, transmitían un especial sobre Maradona, hurgué en mis bolsillos, miré para arriba, para abajo, no, no podía ser, imposible, me vi desnudo, me sentí vacío, desamparado, no tenía nada, estaba viudo, solo tenía las llaves en el bolsillo. ¿Cómo era eso posible? Nunca pensé que me iba a tocar estar ahí, no saqué libros, no saqué nada, ¿Qué voy a hacer? Mi corazón empezó a palpitar.

¿Qué opción tenía? Recordé que acababa de bajar una aplicación para jugar ajedrez en línea. Siempre me gustó el ajedrez, de hecho cuando niño pedía que me compraran una revista que plasmaba las jugadas. e2-e4 empecé a jugar, es decir saqué un peón y se movió de la celda e2 a la e4. Recordé todo, perdí las tres partidas pero retomé esa afición. Amo el ajedrez, es la matemática, la geometría ahí en la diversión. Además que, como me vi la serie The Queen’s Gambit, que trata sobre una campeona de ajedrez, andaba emocionado por ese tema. Qué buena cosa. 

-Don Jorge, ya está su carro. Ese Maradona era un berraco, ¿no?-  me dijo Edgardo

(instagram @kemistrye )

 
¿y qué ocurrió luego, viejo George?
Alfiles, gambitos, torres, enroques, techno, Maradona. Bueno, el carro fue arreglado, pasé comprando Coca-cola, panqueso y maní. Claro, luego me bañé.

Las hijas del agua y Henry James

Ayer miércoles estuve en el live que hubo en Youtube del lanzamiento del nuevo libro de Davivienda. Todos los años Davivienda, o pues el grupo Bolìvar en general, saca un libro de pintura, de arquitectura, en fin, de todo tipo de cultura. Esta vez es un libro hermoso con fotos de Ruven Afanador y pinturas de Ana González, llamado “Las hijas del Agua”. Entonces el live era con Héctor Abad, sí, el de “El olvido que seremos”. Él entrevistaba a los dos artistas. Fue un momento muy bello, transmitieron un video muy lindo sobre el libro. Había muchos paisajes bellos colombianos, tribus, ríos, cultura. La clave aquí es cultura. Espero de todo corazón tener en mis manos ese libro y deleitarme viéndolo. 

Claramente me acordé cuando vi la exposición de Ruven Afanador por allá como en 2012, no me acuerdo, en el Museo de Arte Moderno de Bogotá. Aquellas épocas, tenía las patillas larguísimas tipo Liam Gallagher.

Viajé al pasado. De hecho, sigo viajando al pasado con un libro que llegó de último en Diciembre, llegó colado, así como quien no quiere la cosa y se me convirtió en uno de mis libros favoritos de 2020. Es de Henry James y se llama “La lección del maestro”. Me rindo ante Henry James, me muero por él. Bueno, también me rindo ante Lily James, la protagonista de la versión 2020 de Rebecca. Me rindo ante un grupo de dream-pop llamado “The Know”. No quiero atiborrarlos de datos, todos los doy dosificados en mi Instagram @kemistrye para que ahí sí lo vean. Dream-pop y Henry James.

Como dice Henry James en mi nueva locura adquirida, “a ella le agradan las celebridades, ya sean incipientes o predominantes”. Todos somos celebridades, si queremos. 

Desfilemos.

Buscando en la despensa mental

“Investigando en los intersticios de la intimidad de un autor es tal vez como el narrador descubre el modo en que escribe una novela”. Anoté esta frase y me la quedé para mí, la quise absorber. Eso referente a la intimidad del autor me gusta mucho. Es la introspección: algo más promisorio que la conversación.

Por lo tanto quise mostrar mi intimidad a la par de la escritura, quise hacer el ejercicio de teclear en mi computador sin ninguna idea preconcebida, solo escribir por escribir. He hecho ese ejercicio varias veces, sale a florecer el monólogo interior y me doy cuenta que hay ideas que quería expresar pero que estaban dormidas, andaban levitando en algún limbo.

Pensaba en que hay días planos, hay días en los que no ocurre nada, pienso que no hay días en blanco, todos los días sirven, todas las lecturas sirven, sin embargo un día en el que no leemos o no nos nutrimos de alguna manera, podría decir que son días inanes. Venía de oír música en mi cueva. Mezclé unas tres canciones, solo basado en la aleatoriedad que el sistema me proporcionó al mandarme tracks con la misma velocidad.

Escribir da más frutos que conversar.

Y sí, no es que la música haga la vida con la gente a mi alrededor más llevadera. No. Más bien hace la vida llevadera. La hace llevadera. No concibo la vida sin música. Miré a mi lado derecho y me hizo ojitos Henry James, con su libro “La lección del maestro”. Ya me lo empecé pero va lento, porque va ganando Nuria Amat. ¿Qué es enseñar? ¿qué es una nota? Siempre pensaré que la nota es lo de menos, he conocido gente hermosa, amo las matemáticas pero los libros, soy alfanumérico, tomo leche saborizada de vainilla y miro mi tablet. ¿Tableta? No, digámosle tablet, no me gusta los anglicismos pero a veces se tienen que usar. En un chat de gente atávicamente cercana, mencionaron una fritadora de aire; ¿porqué? se debe decir air fryer, así se llama el producto. Cada nombre como debe ser. Mientras tanto suena techno, la vida es techno.

Y la moda importa, la belleza importa. Oscar Wilde lo tenía muy claro. Elaine Dundy también. Expresar lo que siento y pensar en un segundo libro. Sueño siempre, todos los días, en el lanzamiento de mi libro. Puedo dar degustaciones, puedo dar saltinas con atún ¿qué zapatos usaré? la vida es demasiado efímera. Claro, es necesario descansar, el cuerpo lo pide, pero siempre hay que tratar de crear. No pasar por pasar, tratar de trascender. Es pensar y expresar aquí en mi blog.

Es escribirles. Mañana todo puede acabar.

La vida es un gran supermercado

Encontramos en este sitio muchas cosas. Cosas que no necesitamos y cosas que sí, productos de buena y de mala calidad. Vemos promociones, baratijas o productos caros. Haciendo la analogía, me gusta entonces ir al delikatessen, llevar un queso azul y algunos chocolates raros con almendras. Solazarme. También me gusta pasarme por el puesto de revistas: sí, claro, no son artículos de primera necesidad, pero hacen la vida más deliciosa. Ahí en ese supermercado uno verá qué lleva, uno verá si se encarta, si uno compra la bolsa o si uno la trae ya puesta. Le pueden empacar el mercado o lo puede empacar uno mismo. 

Dentro de ese supermercado vi por ahí una noticia de que Yellen vuelve. Ella fue como la presidenta de la Reserva Federal en EEUU, o sea como decir la gerente del Banco de la República de allá. Inspiraba modas de perlas, outfits morados y black dresses hace un par de años, vamos a ver ahora cómo nos sorprende. También me di cuenta que no me gustan los relatos cortos: leí un libro de Kazuo Ishiguro llamado Nocturnos. En 249 hojas había cinco relatos: yo hubiera preferido solo una historia. Elegimos si queremos literatura en novelas o en cuentos. También podemos elegir no leer. Lo que queramos.

Ahora empecé “Todos somos Kafka” de Nuria Amat, escritora española absolutamente interesante nacida en 1950. Quisiera conocerla, hablar con ella.

Los invito a que vayan al supermercado antes de que lo cierren o que lo saqueen. 

Chistes financieros (para no financieros)

Supongo que en todos los sectores ocurre. Imagino que los astronautas cuando van en sus cohetes a Marte, así casual, normal, hacen chistes sobre la propulsión a chorro o sobre la ecuación de la Gravedad, no tengo ni idea. O también los médicos, los biólogos o los arqueólogos cuando andan, normal, descubriendo alguna momia. Cada profesión tiene sus propios chistes. Yo soy financiero, por eso quería hablarles del humor financiero. Si van caminando o si oyen en Transmilenio a un par de mozos (o mozas) en esta situación, ya sabrán a qué me refiero.

A propósito de Transmilenio, ya es sonado este chiste. Recuerden, somos financieros, entonces nos toca comprar unos activos en unas pantallas. Supongamos el dólar: el mercado compra a 3.600 y vende a 3.650. Esa diferencia entre compra y venta se llama spread. Entonces cuando la gente está nerviosa, esa diferencia se amplía, así que uno oye decir a alguien que esa diferencia es tan pero tan alta que podría pasar por ahí un Transmilenio. Antes el chiste no era con transmis, sino con buses o flotas o trasatlánticos. Este es un gran clásico. En el futuro podremos decir que ese spread está tan alto que por ahí puede pasar el metro de Bogotá.

Hay otro clásico. Supongamos una tormenta financiera, un 2008, cuando todo el mundo está nervioso y todo está horrible, todos los precios van bajando. En este momento entra alguien y grita, haciendo la semejanza con el Titanic o Poseidón: “Atención, atención, mujeres y niños primero”, esto acompañado de una carcajada y un golpe en la espalda. Hay otro gran clásico, usado hasta por autoridades monetarias de amplio rango, en el que cuando al país le fue mal con alguna decisión, se le dice, con un argumento ampliamente sexista y polémico en esta nueva actualidad de polémicas, que le tocó “bailar con la más fea”, refiriéndose a que le tocó un paquete de medidas drásticas, qué sé yo.

Haciendo una pequeña variación regionalista, recuerdo que cuando había debacles financieras, en Cali cantaban una canción de un genero llamado Salsa, en la que decían “hay sangre en la arena y no es del torero…” algo así. Si alguien cantaba eso, era porque los precios de los bonos iban bajando.

Pero el papá de los chistes financieros es la tendencia, inefable ella, de comparar el mercado financiero con una fiesta underground a altas horas de la madrugada. Entonces cierren los ojos (ah, no, porque no podrían leer) e imaginen que empiezan a dar trago gratis a lo loco. Eso podría asemejarse a cuando las autoridades proporcionan liquidez exagerada. Aquí entra a jugar la imaginación: cuando prenden la luz en la fiesta, ocurre algo inesperado, puede ser que de pronto a Colombia le bajaron la calificación, era algo que no se esperaba. O si la gente ya está muy exacerbada, tendiendo hacia las alucinaciones y al éxtasis, podría asemejarse a una burbuja financiera. Por ejemplo si tocan la puerta y es la policía, podría asemejarse a problemas como el de Interbolsa. La gran party underground de los parqués financieros.

Bueno, los dejo. Yo soy el DJ de la fiesta y debo ir a mezclar un par de tracks antes de que toque cerrar.


 
Ya saben, más cosas de estas en mi instagram @kemistrye

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