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Trader, melómano, economista, lector y escritor....

No les quito mucho tiempo…..

..Sé que todo corre muy rápido y la gente no tiene tiempo de leer. Solo mencionaré unas coincidencias, amo las coincidencias. Corramos.

Recuerdo siempre cuando me vi “Medianoche en París”, película que amé locamente. Yo en esa época me estaba leyendo El gran Gatsby, por allá como en 2011, no sé, y me llamaba la atención Fitzgerald y su novia loca, Zelda. Me encantaba su físico y su locura, imaginaba su misterio, esa locura que todos tenemos y que casi todos optan por cambiarla hacia la plana cordura. Soñaba con ella, con Zelda y cuando la vi en la película, ahí aparecía, casi me desmayo. Lloré y todo. 2011.

Ayer empecé a leer “Cipriano” de Marta Orrantia. Está delicioso, aunque llevo muy poquito, de él hablaré luego. La frase de introducción es de Julian Barnes. Diez minutos antes de ver esta frase, acababa de mandarle una foto a un amigo sobre un libro de ese mismo autor, “George & Arthur”. ¿Cómo es que veo ese libro y luego veo una frase de él?

Luego en ese libro hablan de una muchacha que es estenógrafa, o sea taquígrafa. Era una secretaria que escribía súper rápido. Alguien tiene un affaire con una estenógrafa. Luego, no puedo creerlo, en el otro libro que leo, “Muchos matrimonios”, de Sherwood Anderson, alguien también tiene interés en una estenógrafa. La palabra sale igualita en ambos libros. Increíble esas coincidencias.

Los dejo, no les quito tiempo. El mundo va rápido, sigan con todo. Hay que seguir corriendo. 

Inflaciones y lecturas de agosto

¿Qué hacían hoy sábado 5 de septiembre a las 12 del medio día? Septiembre o setiembre se puede decir por igual, está permitido el malhablar ahí. Yo había ido a hacer mercado, esa es una de las actividades que siempre me ha encantado hacer. Antes iba con mi mamá, luego con mi nana y ahora sigo yendo a menudo. Eso que recomiendan sobre no mercar con hambre a veces cuadra, a veces no, porque así como uno puede llevar exceso de cosas cuando anda con hambre también puede dejar de llevar algo por estar lleno, algo que tal vez luego se puede necesitar. ¿Qué tal arrepentirme de no llevar tostacos o almendras? Llevé ponqué Ramo, salmones, bombillos, arepitas, patacones, bolsas y quesos. Unos más caros, otros no tanto. ¿Cómo mide uno en general si las cosas están más caras o más baratas? Es una labor complicada, lo sé. Lo malo y lo bueno en promediar, sí señor.

Precisamente les preguntaba qué hacían a las 12 hoy. Yo había ido al mercado y leía mi libro Top del momento: «Del color de la leche», de Nell Leyshon. Es hermoso, imaginen una niña campesina en 1830 en Londres con su pelo muy claro, tal como ella dice, del color de la leche. Ella es muy impertinente, dice todo lo que piensa, eso a veces es bueno y a veces malo, por lo tanto el libro es como su diario. Está mal escrito a propósito. Si quieren más cultura, léanlo. O léanme a mí. El hecho es que a esta hora publicaron el dato de inflación en Colombia.

Siempre le digo eso a mis estudiantes de pregrado, postgrado y maestría. Publican el 5 de cada mes. Si es hábil sale a las 7pm y si es sábado sale a las 12 del día. El dato fue -0.01% en agosto, siempre se publica la del mes anterior. Entonces con eso queda que en el año vamos en 1.12% y la de 12 meses va en 1.88%. Esto es bajito si lo comparamos con otros años, con otros meses. Por ejemplo miren, lo que más bajó fue la Educación, en promedio sus precios (matrículas, todas esas cosas) bajaron un 3.48% en agosto, eso es muchísimo para un solo mes. Y sí, entonces para calcular ese 1.88% se suma la inflación de agosto, de julio, de junio y así sucesivamente. Matemáticamente es como decir (1+iagosto)*(1+ijulio)………*(1+isept) -1

Y sí, son percepciones. Quien va a hacer mercado dirá «todo está más caro ahora», quien va a McDonalds podría decir «todo está como igual» y quien va a la galería, no de arte sino la plaza de mercado (son igual de bellas ambas), dirá «sí, todo está como más barato». Alguien lo tiene que formalizar y estandarizar.

Y alguien se los tiene que escribir. Yo. Para ustedes.

P.d. siempre datos y frases diarias en mi instagram @kemistrye

Sesiones barrocas de Kemistry

Leía a Héctor Abad. En su nostálgico libro, El olvido que seremos, cuyo nombre precisamente proviene del poema Epitafios de Jorge Luis Borges, él escribió “El mero conocimiento no es sabiduría. La sabiduría tampoco basta. Son necesarios el conocimiento, la sabiduría y la bondad para enseñar a otros hombres”. Y sí, tal vez ahí en la academia es donde más aporte se le puede dar a la sociedad. La sonrisa de un alumno, el “nodding” al saber que se entendió tal cosa, cuando uno recomienda un libro y luego lo quieren leer. Pero basta, temporalmente debía dejar de leer y de escribir, debía dejar de hacer mis actividades; ya había llegado un domicilio, un almuerzo empacado al vacío que debía ser finiquitado por mi persona.

Sí, andaba yo luego con los relatos de Yasunari Kawabata y terminé también las divagaciones de Thoreau. Vi luego en los cómics que el papá de Calvin, este señor de gafas bastante trabajador y un poco frustrado, mencionaba a Thoreau. Un cómic hablándome de literatura, vea pues, todos estamos conectados. Puse el salmón un poco de tiempo por ambos lados y la mantequilla de ajo que venía aparte se empezó a derretir encima. Asaz majestuoso.

Y empezó a sonar este mix, mis sesiones barrocas. Empieza con Trance, luego sigue un techno muy alemán y luego esos sonidos rotos entre los minutos 17 y 25 hacen parte de un género absurdamente delicioso llamado Speed garage. Váyanse antojando de los sonidos. Serví también el ceviche (¿o cebiche?) de mango con las papas en cuadritos. Fue un éxito el almuerzo de La Urbana, qué buen restaurante. Olía delicioso, además mezclado con cultura sabía mejor. Salmón y las mejores letras.

El mix seguía sonando, con muchos ritmos hermosos. Báilenlo, ámenlo. En el minuto 58 sonaba el techno melódico de Anja Schneider para luego terminar con un estilo llamado drum and bass a la hora y dos minutos aproximadamente. Todo desemboca con el final, usualmente debe ser así, sonando un track de leftield bass, algo lento. El almuerzo también acaba, hubo pasta y jugo. Hubo literatura, café y brownies melcochudos.

Ahora empieza “Del color de la leche” de Nell Leyshon. Bello libro inglés. Y sí, el mayor aporte se da escribiendo. Enseñando. Mezclando música también. Aquí están mis sesiones barrocas en Mixcloud, para que las disfruten.

(en instagram @kemistrye)

..sobre abrir paréntesis

No encuentro nada más bello, en cuanto a dinámicas vivenciales, que caminar lento y mirar los zapatos. Detenerme, quitarles alguna mugre, ver las grietas, ver una piedra, pensar, soñar, Imaginar que estoy en un video musical, luego hago una pausa, subrayo algo y ya. El resto ya son posturas sociales. Lo que siempre vale es la experiencia propia, ya que es la que, en un cien por ciento, depende de uno y no del afán de sobresalir. La eterna tendencia a quedar bien, leía por ahí.

Y en medio de todo lo que hacemos, tenemos la oportunidad de abrir paréntesis. Un libro puede ser un ejemplo, por medio del cual nos abstraemos. También, en medio de texto gigante llamado cotidianidad, uno puede poner comas, o sea pausas; también puede uno poner puntos para pasar al otro párrafo. Cuando fingimos ponemos comillas, cuando nos exaltamos ponemos tildes, negrillas o mayúsculas. Todos en algún momento pondremos o nos pondrán el punto final. Cada quien maneja diferente tipo de letra.

Ahora tengo varios paréntesis abiertos. Cada vez abro más pero también cada vez cierro más. Eso es lo interesante. Hay paréntesis ahí, uno sobre La bailarina de Izu de Yasunari Kawabata, ahí se está gestando algo y solo lo sabré cuando lo cierre. Hay otro abierto, sobre Héctor Abad y la relación con su familia. Hay un paréntesis mágico, ya abierto, sobre Henry David Thoreau, mi nuevo ídolo.

Hay gente que solo vive su propia vida y no abre paréntesis. Eso lo vi en una entrevista: solo viven su propia vida, se pierden de ver todo lo que hay ahí. Se la pasan, por lo tanto, escribiendo su historia de corrido, sin paréntesis ni comas, con una letra blanco y negro. No viven varias vidas sino solo una. 

Y sí, sigo maravillándome de caminar y de tener oídos con los cuales puedo mezclar música, con los cuales me maravillo cada vez que un beat o un teclado diferente afecta mis sinapsis. Me maravillo de poder transmitir un conocimiento, un dato y una sensación y saber que han sido bien recibidos. Es mi aporte.

Basta respirar, enseñar y caminar.

P.D.
(….Escribir, buscar y observar. Este señor, Henry David Thoreau, le escribió unas cartas a su conocido G.O. Blake hablándole de la vida. Todo está en esta obra maestra, se los recomiendo. Lo pueden maridar con salmón, jugo de lulo y la literatura de Yasunari Kawabata, esa sí más aterrizada, cotidiana, plana y descriptiva. Maridar lo existencialista con los relatos cortos japoneses..maridar lo bello de leer con lo bello de transmitirles…)

Oda a ella

Estaba haciendo mercado hace un par de días y te vi. Había salido a caminar, tenía mis zapatos Osiris espaciales, negros y de suela blanca, los mejores; llevé mis audífonos gigantes, qué cuento de airpods o demás adminículos pequeños, mi experiencia musical tiene que darse con audífonos gigantes Pioneer. Es lo visual, es la moda llevada al sonido.

Iba oyendo a Honey Dijon, un mix que tengo por ahí de ella, llevaba dos bolsas reutilizables, luego oí algo del hermoso indie pop de Cults y entré al sitio donde venden frutas y verduras. Llevaba un libro que ya anoche acababa de leer, luego de haber empezado otro. Kawakami conviviendo con Héctor Abad, con Virginia Woolf, con un libro inédito de Henry David Thoreau y con la revista Vogue. Acababa de comprar un capuchino en una panadería cercana; caminaba y pensaba en tanta gente que no se detiene a pensar. Hay gente que solo habla y actúa, que no se detiene a mirarse las uñas, a mirar el guijarro que acaban de patear inconscientemente.

Pensaba sobre ser diferente. Lo bueno y lo malo que eso implica. Navegar en el mundo con la autenticidad a cuestas.

Entré y te vi. Pensaba en mis cuadernos, donde apunto mis frases, pego calcomanías y apunto memorias. Pensé en The Rain, la serie europea megaextraña que empecé a recorrer, pensé en la ficción de The Umbrella Academy y en lo medieval de Cursed. Volví a pensar en Virginia y en un ensayo que hizo sobre el cine, en 1920, cuando era la gran novedad. Claro, contextualicemos, debía haber sido muy extraño para uno darse cuenta que en un sitio cerrado se podía proyectar una serie de movimientos en una pared. El cine como novedad, el cine como algo que ahora, en épocas tan modernas, está temporalmente extinguido, como los DJ sets.

Entonces la vi. Era una fresa roja, perfecta, con sus huequitos en sus mejillas, en todo su cuerpo. Con su cresta verde, deliciosa, pensé en que era la fruta más perfecta que podía existir. Luego me dijeron que la fresa era el símbolo de la diosa Venus, que Madame Tallien, de la corte de Napoleón, trataba de aumentar su belleza bañándose en zumo de fresas. Luego supe que es una fruta muy alérgica. a Venus le habría dado alergia tal vez. No lo sé, nunca lo sabré.

Llevé varias fresas. Las llevé en mi bolsa y les tomé muchas fotos, las abracé y me continué maravillando. Les conté un par de secretos, ellas con su elegancia, con su tez rubicunda y su pelo verde, me oían. Era la belleza. Ellas también son diferentes.

El hombre que corrompió Hadleyburg

En el libro de Mark Twain, llamado “La decadencia del arte de mentir”, que tengo en este momento en mis manos, bella edición de editorial Eneida, con una pasta corrugada a color, hermosa, hay un interesante relato llamado “El hombre que corrompió Hadleyburg”. Dice la historia que este pueblo era incorruptible pero alguien le había jugado una mala pasada al protagonista, tal vez le hizo cosquillas, bullying o lo hizo sentir mal. El hecho es que el señor quiso vengarse, entonces llegó nuevamente al pueblo, con la intención de corromperlo.

Andaba con una bolsa de monedas que pesaba ciento sesenta libras y cuatro onzas. Había toda una fortuna ahí. Claramente no contaré los detalles, nada más antipático que un spóiler. No contaré detalles. El hecho es que el protagonista les tendió la trampa a todos y a cada uno de los habitantes del pueblo, cosa que cada uno de ellos se sintió “dueño” de las monedas y por ende, todos se sentían anticipadamente millonarios. 

Adivinen. Las señoras, cada una sin contarle a nadie, se sentían millonarias antes de siquiera recibir el botín, entonces se pusieron a encargar vestidos, a elaborar mil planes, jurando ser dueñas de algo que no había llegado. El desenlace averígüenlo, pero lo que quiero resaltar aquí es la mentalidad humana, cómo empezaron a elaborar planes sin tener nada fijo. No me gustan los adagios demasiado populares, pero no encuentro algo diferente a decir que montaron el caballo sin haberlo ensillado. La avaricia grande de la gente baja, creer que el dinero les iba a dar la felicidad, lo básico de los sueños de la gente básica.


Luego acabé de leerlo y seguí con otras cosas. Me comí un brownie mientras oía leftfield bass británico. Me solazaba, desbordante en buen gusto, con mi gabardina azul turquí. Me preguntaron cuándo haría la fiesta, cuándo podría ponerme mi mejor pinta, mis mejores zapatos, mi bufanda bávara, para cuándo podría escribir las mejores letras, cuándo es que iba a sacar el libro, para cuándo sacaría la cerveza especial Estrella Galicia que reposa en la nevera. Que después, dicen, que después, dicen.

No, el día para hacer todo lo mejor es hoy. No esperemos que llegue el embaucador de Hadleyburg. 

Avisos clasificados

Ya les he manifestado y compartido mi devoción por las curiosidades subyacentes en los periódicos impresos. Sin más preámbulos, estaba el sábado pasado degustando un Ferrero Rocher, leía Los Errantes de Olga Tokarczuk y me quedé viendo los avisos clasificados. Encontré uno que decía lo siguiente: 

“LIBRO. Investigadores, crucigramistas, conozcan Colombia otra manera. LIBRO CURIOSO. $15.000”

Luego estaba escrito el número celular para solicitar más detalles. Yo dije “¿qué es esto? Me están hablando a mí, esto es como de película”; me quedé pensando unos segundos y llamé. Me parecía deliciosamente extraño y fascinante que alguien estuviera vendiendo algo por clasificados, sobre todo un libro con curiosidades, en un mundo tan lleno de otras cosas aburridoras. Esto solo se le podría ocurrir a un curioso.

Efectivamente, me contestó alguien. Digamos que yo con desconocidos tiendo a explicar exageradamente las razones de las llamadas. Dije que me encantaba leer, escribir, que me encantan los periódicos pero sin esa hojarasca llamada “noticias” y noté que esa persona en cierta forma se alegró y emocionó. Acordamos que vendría al día siguiente y me dejaría el libro en la portería.

Era un señor encantador llamado Luis, de unos 75 años, no sé, no quiero equivocarme pero más o menos esa sería la edad, un señor súper culto, curioso y sí, él sacó un pequeño libro de unas cien hojas, tamaño de bolsillo, con curiosidades, palíndromos, nombres raros de municipios de Colombia, referencias al Latín y correcto uso de expresiones del Castellano. La locura. 

Al otro día nos saludamos a distancia, me entregó el libro, lo vi marcharse en el carro y quedé muy contento de haber conocido a alguien con tantas afinidades. Todo por ser curioso, todo por un aviso clasificado.

Estas cosas ya no ocurren. Soy un salvador gallardo. Nada más grande que lo pequeño. Como escribía Pessoa, “amor por los milímetros”.

Lo que ayer fue moderno hoy es un clásico

Una de mis musas, de mis grandes mujeres, Virginia Woolf, en su ensayo llamado “Impresiones de Bayreuth” habla de cómo es su experiencia con la música, más exactamente con la ópera de Wagner. Me sorprendió gratamente saber que a ella le encanta Wagner tanto como a mí. Habla de cómo fue su experiencia y escribió lo siguiente: “Puede que estemos aturdidos, pero es porque la música ha alcanzado un lugar que aún no visita el sonido”. Tengamos presente que ese ensayo fue escrito entre 1925 y 1932, qué se iba a imaginar que luego tendríamos Neurofunk, liquid bass y minnimal.

Luego en el ensayo “Horas en una biblioteca”, habla de la literatura que estaba surgiendo en esa época, diciendo más o menos que hay que darle su lugar y no basarse solo en los clásicos. Eran los años 20, los años 30, lo que se producía ahí era lo nuevo, la vanguardia. Lo que escribimos hoy serán los futuros clásicos. “Es posible que el tiempo mismo posea una alquimia propia”, decías tú, Virginia.

Y bueno, el tiempo pasa y llega lo que llaman la civilización. Pío Baroja, en su libro hermoso “El mundo es ansí”, dice que las mujeres que se consideran civilizadas son el producto más antipático de la civilización (Risas y aplausos, porque es verdad). Marcel Proust dice que si nuestra vida es vagabunda, nuestra memoria es sedentaria. Continuemos.

De hecho recuerdo un diálogo, hasta lo subrayé y lo revisité, en “El Tiempo recobrado”, de ese gran maestro Proust. Era 1918 y alguien dijo “todas las modas vuelven; en vestidos, en música, en pintura”. Era 1918, tengámoslo presente. Decir que la moda de hoy recoge retazos de otras épocas no es de esta época, por decirlo de algún modo. El ser humano incesantemente vive de recoger retazos para crear nuevos tejidos.

Es hermoso subrayar. Sobre todo subrayar para recordar, para condensar y para traerles estos ejemplos. Lo que es tan antiguo termina volviéndose extremadamente moderno. Nosotros somos los futuros clásicos.

Un día en la vida de un cajero

Pienso como un genio, escribo como un autor distinguido y hablo como un niño.  Esta memorable frase era el inicio del libro de memorias de Vladimir Nabókov. Él cerró dicho libro y sonrió, siempre pensaba que esa frase resumía en cierta forma su sentir. Se montó en su bicicleta, allá en plena península escandinava, con ese frío que le carcomía los huesos. En esa ciudad nórdica el invierno no cesaba nunca, no daban ganas de salir, pero él debía trabajar para pagar el arriendo del piso en el que vivía con su familia, debía comprar alimentos, ya era tarde y lo estaban esperando en el supermercado, donde trabajaba de cajero. 

Ya en la mitad de la jornada, a las 11 de la mañana, atendió una pareja de esposos, hombre y mujer, que discutían mientras él iba registrando una barra de pan con higos, una botella de leche, tres zanahorias, un vino Merlot y una cabeza de ajo. -Es que claro, tú solo vives en función de tu deporte, si por ti fuera vivirías solo de jugar tenis y te la pasarías jugando, jugando y consintiendo a tu gato-. Él, con toda la serenidad del adulto nórdico, atinó a responder: -Claro, podría vivir perfectamente con eso, no lo pongo en duda, pero elegí estar también contigo, eso es lo bello, que estoy contigo porque quiero, no porque te necesite-. Mientras hablaba, le guiñó el ojo en señal de complicidad. Se acordó de esa frase que leyó en un libro de Víctor Hugo: No buscar la felicidad en el otro, sino más bien buscar al otro para compartir la felicidad. 

(Seguro luego se contentaron, se tomaron la botella, bailaron y se dieron un beso…)

El cajero, en su hora de almuerzo, abrió un libro de Francisco de Quevedo, llamado “Sueños y discursos”. Su abuela estaba muy triste, lo llamó por teléfono y precisamente él acababa de leer algo sobre el llanto. Él le leyó: “El llanto es engañoso en las mujeres, engañado en los amantes, perdido en los necios y desacreditado en los pobres”. La abuela le agradeció a la literatura por ser siempre pertinente, por proporcionar ideas bellas. Colgó con su nieto, luego de agradecerle esos pocos pero sustanciosos minutos.

El cajero salió del trabajo y pasó comprando unos quiches para llevarle de sorpresa a la familia. “Amo con la mirada y no con la fantasía”, acababa de leer en un libro de Fernando Pessoa. Llegó, se quitó el uniforme y comieron quiches con bebida de avena. No podía echarle mucha azúcar, el médico se la había prohibido.

La noche llegó. Luego se sentó en el sofá y pensaba. “La cultura individual es el verdadero ideal del hombre”, lo decía Oscar Wilde en La decadencia de la mentira. Pensó en la literatura japonesa, pensó en la ficción y se tomó un café cargado.

Siri Huvstedt, bella escritora, decía en su libro de meta-literatura “Recuerdos del futuro”, que la imaginación y la ficción suman más de las tres cuartas partes de nuestra vida real. Él sonrió, él siempre sonreía. Se fue quedando dormido, con su hijo recostado en el hombro y una bella zarzuela de fondo.

¡ Extra ! ¡Extra !

Recuerdo cuando era niño.

Bueno, más bien recuerdo cuando tenía menos años, ya que en mi caso la niñez permanece intacta. En fin, tenía diez u once años y siempre les pedía a mis papás que me compraran el periódico. Ellos llegaban con El Espectador, yo llegaba del colegio, me cambiaba de ropa y lo leía. Imaginemos por un momento el contexto: eran los noventas, yo tenía una grabadora donde oía los casettes cromados que mis primos me regalaban (Francisco me grababa mixes de Energy y Felipe de heavy metal) y un tocadiscos donde ponía uno de mis primeros acetatos, uno de los primeros de una colección que crecería y se convertiría en mi pasatiempo número uno, incluso por encima de la escritura. Me encantaba abrir el periódico y ver la diagramación, cómo en un cuadrito había una foto al lado derecho, luego con una letra diferente había una frase, imaginaba que había alguien encargado de redactar las noticias y escribía a máquina, delicioso, imaginaba cómo todo se imprimía y cómo se empaquetaba en un producto que en últimas, ayer y hoy, siempre me ha parecido barato por todo lo que contiene.

Entonces en vacaciones lo que yo hacía era inventarme periódicos: en tres o cuatro hojas inventaba un diseño, ponía algún titular, por ejemplo me inventaba que el Papa llegaba a Popayán, o que la reina Isabel tal cosa, no sé, para luego ir al horóscopo. Me inventaba el horóscopo, incluso recuerdo que una vez una tía decía, con tono jocoso, que yo había puesto a todos en dieta y a todos les había puesto un amor furtivo, ya que ese era el mensaje que escribía, no importaba cuál signo zodiacal fuese. También me inventaba el crucigrama y ponía un par de clasificados. De hecho me encantaba leer los clasificados: me parecía, aún hoy me parece, fascinante que un señor venda un carro en la carrera 4, que otra señora busque un electricista o que alguien por motivo viaje tenga que venpermutar su renoleta. El verbo venpermutar se convirtió en toda una novedad para mí.

Siempre quise escribir, siempre inventaba historias. Siempre escribía diarios. Siempre amé la música. Siempre tuve la certeza de que esto debía estar presente en mi vida.

Me encantaría ahora hacer un periódico. Las ideas que quiero escribir y compartir sobrepasan un blog o un set de historias en las redes sociales o un par de párrafos de Facebook. Lo que hay en mi mente es mucho más. Me encantaría crear el periódico y que en una hoja hablara de conceptos financieros académicos, en otra de música, en otra de cine, en otra de series, en otra de los libros que leo, en otra alguna historia corta de ficción y otra de solo romance. Todo hecho por mí. Me encantaría repartirlos a la manera antigua, en bicicleta, como Osías el protagonista de mi libro. O me encantaría repartirlos en la estación de Alcalá o por ahí por la séptima cerca al Museo Nacional. Repartirlos con una sonrisa. ¿Vergüenza? Algo así vociferaría:

-Señoras y señores, Extra, extra, reciban la edición de hoy de mi periódico, está recién escrito, no se pierdan en la página 3 todo sobre los cuentos de Virgina Woolf y de Mark Twain, reciban mi periódico, Extra, en esta edición todo lo relacionado sobre el último álbum de Timmo, todo un álbum desbordante en Techno, recién salido del horno-

-Oye, niña, tú, recibe mi última edición de mi periódico, hay un reportaje especial sobre los últimos capítulos de The Umbrella Academy, ya próximos al estreno de la nueva temporada el 31 de Julio-

-Oye, niño, en la edición de hoy todo un análisis de Dark, the Politician en su segunda temporada, Titans y del Ulises de Joyce, hey muchacho, hoy Extra extra, todo sobre Carmen Posadas, sobre María Dueñas, la muerte de Ruiz Zafón, todas las polémicas declaraciones que dijo mi amigo el vendedor de sandía a su novia, con motivo de una posible pedida de mano, todo aquí en la sección de Ficción. Extra, extra-

-Extra, señora y señores, en la sección de Moda todo sobre el Shoefight, sobre el cómo vestirse siempre bien y sin sudaderas ni pijamas ahora en cuarentena, todo sobre los nuevos estilos de uñas violeta oscuro, hey, aquí todo en la sección de Moda-

La vida es solo una. Prendan las máquinas. Venpermuto amor y sentimientos por historias.