Lope de Vega y sus chinelas, sus listones y su majestuosa literatura

“Siempre es discreto lo amado y necio lo aborrecido”. Pensemos en esto, tal vez sea cierto, tal vez el amor está siempre ahí con un bajo perfil, sin prisa pero sin pausa, la sombra fiel callada siempre; mientras que el odio entra a relucir con todas sus fauces, el odio es un altavoz a todo volumen; Sí, amigo Lope de Vega, tal vez te acepte ese postulado. Esto lo dice él en su obra majestuosa “El caballero de Olmedo”, literatura del Siglo de Oro, es decir entre los años 1492 y 1681. Me fascina la literatura, los modismos, el humor, el doble sentido de esa época, es maravilloso; creo que mi postulado o leitmotiv personal, referente a siempre leer un libro absolutamente nuevo y mezclarlo con uno absolutamente antiguo, me crea dos perspectivas en el cerebro, dos contextos, algo que hace el placer de la lectura aun más intenso. Me maravillo, mis sentidos se exacerban al leer a Lope de Vega; vengan, si así me lo permiten vuesas mercedes, compartirles algunos ejemplos de este texto.

Este texto narra algo tan básico y a la vez tan complicado como una historia de amor: Un man, tocayo mío, o sea Alonso, se enamora de una jeva llamada Inés. Punto. Le quiere caer, le quiere arrastrar el ala. Entonces empiezan aquí los deliciosos diálogos, en esa revuelta España de 1.600: por ejemplo, se referían a que hay que guardarle respeto a una señora que acababa de morir. Es decir, debían guardarle respeto a la finada. En el lenguaje de esa época: “….pero teniendo respeto a la que pudre…”. A la que pudre, qué locura. Continuemos.

Las chinelas son unos zapatos de esa época sin tacones. Entonces a don Alonso le parecían muy bonitas las piernas de Inés, por lo tanto él decía que “una chinela de color que dora de una coluna hermosa y cristalina”. La coluna, o columna, hermosa y cristalina pues son las piernas de Inés. Es el equivalente al dicho de ahora: “tiene más tarros que un loco”.

Otra frase: “Dicen los discretos que consiste la hermosura en ojos y entendimiento”. Y sí, los ojos nunca cambian, el cuerpo sí. La mirada siempre será la misma y el entendimiento es el que en últimas mantiene el amor; no es la pasión, es el entenderse el uno al otro. Tengo aquí en mi casa ahora puestas unas hopalandas, es decir ropas sueltas, cardigans largos de color gris. Con esta ropa leo, con esta ropa me maravillo .

Qué bello esto. No quiero extenderme más, solo les quiero impregnar algo de mi amor hacia los libros; hoy fue el siglo de Oro, el castellano antiguo, nuestras raíces. Los invito a que lo hagan, les garantizo que se llevarán muchas sorpresas positivas.

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