Los festivales de colegio

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(hola perrito…..fuente: www.upsocl.com)

Mi época escolar activa fue entre 1987 y 1995. Cada uno de estos años asistimos al festival del colegio, evento esperado por todos, en el que los niños íbamos con todo el ímpetu a jugar, en el que luego los adolescentes íbamos con todo el ímpetu a lucir la mejor pinta y tratar de conocer a alguien y en el que los padres de familia iban con todo el ímpetu a ayudar en lo que les tocara, terminando el evento, casi siempre un domingo, en fiesta, remates y bailadita de salsa.

Era un clásico ver a mis padres como voluntarios en la preparación y venta del producto estrella de todo festival: el perro caliente. Había turnos de una hora y el cliente debía ir a cambiar el dinero por unas laminitas representativas de papel moneda hechas en cartulina roja o verde y con una letra femenina, redondeada y josefina. Había minitecas en las cuales veía cómo los duros del momento bailaban Rick Astley y Bananarama, había también guaduas engrasadas que los niños debíamos trepar y arriba estaban los premios. El postre de las tres leches y la lechona, con letreros sugerentes y de doble sentido como “mona mamona”, no podían faltar tampoco.

El tiempo pasa y los festivales, si bien su esencia es la misma, empezaron a cambiar de nombre. Recuerdo cómo hace unos 10 años me estrené como padre asistente a un festival y éramos los encargados de servir el sancocho. La niña me codeó y me dijo que no se decía Festival sino Kermés; además para rematar no se debía decir El Kermés, sino La Kermés. Pasamos del festival con lechona a la kermés con sancocho.

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(linda lechona…fuente: www.elcampesino.co)

Cabe anotar aquí que un plato recurrente, aparte del perro, es la carne a la llanera con su debida porción de guacamole y papa cocida. La tecnología avanza, hay avances en la medicina y en la aeronáutica, pero no se ha podido inventar el cuchillo desechable que sea lo suficientemente gallardo para partir ese trozo de carne asada sin romperse. Es más, si llega a ser inventado, debería tener en su etiqueta algo así como “certificado con la ISO 9000 y avalado su uso en festivales o kermés”.

Yo sigo con la palabra Festival en mi mente. Luego cambié de ciudad y ya no era Kermés, sino Bazar. Aunado a los platos típicos, empezó a aparecer el sushi para llevar, el Babaganush, los grupos de rock centenials con covers de Arctic Monkeys, la pesca milagrosa y el bingo. Los mismos perros, ahora un poco más caros, conviven con más oferta. Sin embargo la esencia es la misma, por eso siempre querré ir, me encantan, me recuerda siempre mi teoría de que en ningún lugar hay energía más bella que en un colegio, y más aún en un festival de colegio.

Este año me enteré que ya no se dice ni kermés ni bazar. Este año es el Fest. Más minimalista y vanguardista. Seguro cuando sea abuelo mis nietos dirán: “Abuelo, no se dice fest, ahora se dice Festival”. Y seguro para esa época no habrán inventado aun los cuchillos irrompibles para la carne a la llanera.

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(buena carne….fuente: sites.amarillasinternet.com)

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