La vida secreta de mis muñecos

Pensando varias cosas, caí en cuenta que la vida es una seguidilla de pequeños y constantes optimismos y quebrantos. Me gusta eso de pequeños optimismos: imagínense que no fuera así y que nunca hubiera optimismos sino un gran optimismo el 1 de enero y no más, 364 días de aplanamiento. No sería vivir. La gracia es que siempre haya cosas pequeñas, varias, constantes, diarias, cositas que van alimentando todo. George Orwell dice que lo importante no es mantenerse vivos sino humanos. Lo malo es que dentro de toda esta jungla, hay humanos que no son humanos sino muy vivos. O muy básicos y aburridores.

Seamos lacónicos más bien: me encanta este término. Se refiere a ser breve y conciso. Asertivo. Por ejemplo si soy capaz de responder a un comentario agresivo con tres palabras y con esas tres palabras dejo al interpelado callado, ahí estoy siendo lacónico. Averigüé y esta palabra tiene que ver con la región antigua de Laconia, allá en Grecia. Hay varios registros de la Historia, la cual es un acto de fe, que hablan de gestos y diálogos de sus habitantes, cargados estos de gran nivel de agudeza. Es decir, los lacónicos eran lacónicos. Me encanta esto, me encanta escribir sobre estos temas, los dedos casi se mueven solos fluyendo ante esta colección de teoremas e ideas.

Por acá amanecimos con un dólar que va bajando y está ahora en 3.175 pesos, unos títulos TES que han bajado también de tasa y un mercado que está pendiente de la reunión del G-20 que se hará próximamente. Estarán los mismos temas: las tensiones comerciales, China, el disco rayado eterno.

Me quedé pensando en Toy Story. Resulta que yo tengo unos muñecos por ahí, entre esos una muñeca LOL, tres pequeñuelos del huevo Kinder y unos anti-osos. Todos están cerca al controlador Pioneer que uso para mezclar. Resulta que la otra vez, hace un par de días, todos los botones y perillas del controlador estaban cambiados y mi hija dijo que había sido una primita de 7 años que había ido de visita. Decidí creerle aunque quedé un poco escéptico.

Yo me quedé pensando: ¿será posible que hayan sido más bien los muñecos? ¿será que ellos hablan de mí, bailan mi música, duermen y toman de la misma gaseosa o del mismo café? Nunca lo sabré. O más bien, como con la fe, creeré que sí lo hacen. Desde ese día les hablo y les digo que se porten bien mis muñecos. A ellos les gusta meterse en mis libros, comentarlos, leerlos, mezclar, a ellos también les encanta vivir.

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