Mi libro en los 90s, los 40s y la actualidad

90s:

“….Laura estaba con poco ánimo y bastante indispuesta, así que Álvaro debía estar muy pendiente de cualquier bajonazo de energía, de algún sangrado, no podía sobrepasarse de velocidad y tenía que cumplir funciones de mecánico, chofer, médico y hasta terapeuta emocional. El viaje era un poco largo, así que debían dormir una noche allá en Luvina; para todos esos imprevistos, Teresa le dio un monto considerable de dinero a Álvaro. Tenía la característica más valiosa en un trabajador: era muy empático. Álvaro buscaba entrarle a cada persona, no importaba la edad: si era un niño le jugaba fútbol, si era una niña le jugaba con muñecas, si era un adulto le hablaba de noticias, que es de lo que hablan los adultos, y así. Ellos no hablan de nada más. A los bellos ancianos les hablaba de literatura y de vivencias. Cada edad de acuerdo a cada interés….”

Actualidad (año 2019 aproximadamente):

“….Mi André, nosotros nunca podemos pelear, es imposible ¿no?, qué cosa con nosotros dos, somos inseparables, qué intensidad la tuya, pareces el típico intenso de las novelas. Jaja, es broma, me alegra saber de ti. Ando aquí con Kemistry, estábamos cuadrando unos eventos ahora que puedo, ya que me tocará aguantarme las ganas de mezclar e ir a sitios de fiesta durante varios meses, aunque lo de la escritura no es negociable, seguiré escribiendo hasta que ya no pueda más. Kemistry sacó unos tracks muy buenos, estábamos oyéndolos y debo ir ahora a la editorial, tal parece que me van a publicar el libro que he venido haciendo. Recógeme en diez minutos en Pamorder, estoy a dos cuadras de ahí, allá hablamos, tengo mucha hambre, tengo antojo de brownie con helado; y bueno, estoy que te doy un beso, tres días sin verte ya es bastante- le respondió Nicolle…”

40s:

“….Corría el año de 1940. Las faldas de lino discretas y a veces edulcoradas  en su punto exacto, hasta debajo de la rodilla, florecían por doquier, al igual que florecían las azaleas e inundaban de un hermoso tinte fucsia las mañanas y las tardes del pequeño pueblo, siempre con la complicidad y ayuda del sol que, a pesar de la altura y del cariz oscuro, ayudaba a iluminar los caminos. Abundaban los sombreros, los trajes marrones cruzados de seis botones, la elegancia, el tabaco fumado y masticado, el bolero y los encendedores oxidados. Los bucles y tirabuzones de pelo negro  estilizado en pieles blancas cubiertas de alabastro, entintadas con labial rojo, eran la tendencia creciente en el arnés femenino, atavíos que desarmarían totalmente a un ejército con la sola exposición de su fragancia….”

(Más pistas y referencias siempre en mi instagram @kemistrye )

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