La isla de náufragos que es la vida….

Esto leí ahora, hace cinco minutos, en el libro del desasosiego: “Cuanto más alta la sensibilidad, y más sutil la capacidad de sentir, tanto más absurdamente vibra y se estremece con las cosas pequeñas”. Vaya vaya, continué cocinando. El sabor del pescado blanco y blando, ya con la esencia del ajo impregnada, con algo de limonada de coco y algo de vino blanco de cajita, iba consolidándose cada vez más. Iba forjando su carácter el pescado, a medida que freía unas papas con cáscara en una boquilla. Al costado izquierdo del mesón puse a hacer café, pelé una zanahoria para echarle a la ensalada y la sazoné con algo de vinagre.

Continué leyendo. Pessoa en el párrafo siguiente escribía: “La humanidad que es poco sensible, no siente la lluvia sino cuando le cae encima”. Luego leí otra frase: “La isla de náufragos que es la vida”. No hice jugo sino que serví solo agua. Miré a la ventana y llovía, me miré los zapatos, bajé a mi mascota un momento y mientras todo el almuerzo quedaba en bajo, listo a ser servido, me senté en el pasto. Miré una hormiga, era hermosa. Oía una canción que bajé de un género llamado Leftfield bass, así me quedé cinco hermosos minutos.

Tuve la suficiente concentración para poder desconcentrarme.

Continué cocinando. Serví. Continué leyendo. Continúo leyendo y ahora les escribo. Lo magnánimo de lo básico.

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