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Y así iban surgiendo las ideas

Continué mi paso, debía viajar a otra ciudad. Ya en el episodio pasado había conversado sobre el arte de enseñar, sobre lo que debería ser un buen profesor. Sin embargo, tenía que escribir esto, siempre nacen temas, así como mueren; la necesidad de expresar lo vivido y lo sentido es mayor a la desidia de quedarme absorto ante una pantalla de televisor, ante lo fútil de una conversación forzada que no lleva a nada. Aspectos forzosos motivados por incompatibilidades.

No, es más satisfactorio el sonido de las teclas, bien sea las de la máquina de escribir o las cada vez más mudas de los teclados modernos, al beep de una notificación, al látigo diario de lo predecible.

El duende ya no estaba, estaba solamente yo. Fernando Pessoa me tiene en sus manos. Cuando leí la página 81 del libro del desasosiego, él decía que “si tenemos que dar el sentimiento, tanto vale darlo al pequeño aspecto de mi tintero como a la gran indiferencia de las estrellas”. Corroboré que un escritor es una banda de rock: tiene que darlo todo, no importa que esté haciendo una audición para tres personas o tocando para miles de almas en Knebworth, como lo hizo Oasis hace ya veinte años. Los hermanos Gallagher dándolo todo. Pero no importa el público, siempre hay que dar lo mejor.

Eso es lo bello de escribir: estaba aquí anoche al frente de una pantalla, tengo libros alrededor, me acaba de llegar a domicilio un par, uno de Virginia Woolf y otro de Mark Twain, cada uno me da alimento y sosiego. El libro del desasosiego de Pessoa me da sosiego, paradójicamente. Y como decía, escribo con toda el alma, ese es el proceso que amo. Puede ser que luego esto lo lea una sola persona, o muchas. Nunca lo sabré, pero eso ya no depende de mí. Lo que dependía de mí, el proceso, ya quedó hecho, y es donde uno goza más. 

Si lo lee una sola persona y sonríe, ya quedó hecha la labor. Brindar alimento a una sola alma es el objetivo. Sonreír y quedarme en silencio luego de haber terminado, avanzar con mis cuentos de Chimamanda Ngozi Adichie, que los tengo rezagados. Revisar, prepararme un tinto, siempre vestirme bien, darle el esperado click de enviar, hasta ahí tuve que ver, lo que ocurra luego ya no es mío.

Ya esta escritura no es mía. Es de ustedes. Mi alma va hacia allá.

Unas dudas que fueron surgiendo

Continué caminando pero debía apurar el paso, ya que tenía clase. Saqué de mi maleta una patineta clásica, con la cual podía rodar unos cuantos metros a medida que la impulsaba con el pie derecho; siempre había querido tenerla, con ella podía hacer ejercicio sin usar sudadera; nada justifica su usanza, nunca luce bien. Con la patineta podía seguir usando mis atavíos de gentil-hombre, mis hoodies y mi trench coat. Iba apurado y me encontré nuevamente al duende, ahora veinticinco años más joven. Yo estaba en segundo semestre, pleno 1998 y mi amigo duende, con menos arrugas y más altura, salía bastante ofuscado de clase.

-¿Qué te ocurre, amigo? ¿desayunaste con alacranes?- le pregunté.

-Es que acabo de presentar mi primer parcial. Es difícil estudiar esta carrera. Resulta que me fue mal y el profesor dijo mi nota en clase, en frente de todo el mundo, e hizo una broma. Claro, no mencionó mi nombre. Dijo que siguieran estudiando para el segundo parcial so pena de sacarse este exabrupto y dijo mi nota, tres cuatro.

-Pero, ¿cómo así? ¿tres cuatro no es bueno?

-No, recuerda que aquí califican sobre cien, y sacarse tres es como sacarse cero. Créeme, me sentí muy mal. Además la gente va a la clase con miedo y con aburrimiento, eso te cuento, le tienen jartera al profesor- me dijo el amigo duende. Yo no podía demorarme mucho porque debía ir a sacar el carnet para luego coger bus hacia una fiesta que había en esa época. Venía en exclusiva a la capital una discoteca muy famosa de Londres: Ministry of Sound, Era una de las primeras fiestas en Bogotá de un género cada vez más famoso en el mundo: el trance, la música electrónica en general, llevada a un nivel profesional.

-Mira, si quieres hablamos luego. Pero ven, no entiendo, lo fructífero de una clase no debería ser medido por lo difícil que es sino por la satisfacción y recuerdos que deja, ¿no? pues digo, así debería ser; oye duendecito, ven, a propósito, préstame porfa ese CD de Global Underground que compraste ahí en Cardona Hermanos- le dije.

No lo volví a ver. Qué manía la de este muchacho para escabullirse siempre. Abrí mi maleta y ahí estaba el CD, el Global Underground Sasha San Francisco. Qué obra de arte, creo que es el mejor CD de la historia. Me quedé pensando en lo que le ocurrió a mi Doppelgänger, porqué sufría.

Continué estudiando economía y decía para mis adentros: “bacano dar clase algún día”. Pero bueno, debía irme a ver a Ministry of Sound y su primera fiesta oficialmente electrónica en la historia de Colombia. No sé, tenía la duda de pintarme o no el pelo de verde.

El auto-pícnic y un nuevo mix

Estaba ahí acostado, en el pasto del Museo Nacional. Hacía un poco de sol a medio día, por lo cual debía usar mis gafas oscuras; decidí también ponerme un buso en la cabeza para cubrirme del sol. Estaba oyendo a Dr Motte y una compilación de drum and bass que acababa de descargar. Estaba haciendo uno de mis planes favoritos, el auto-pícnic, neologismo acuñado por mi persona para referirme a la posibilidad y alegría de acostarme en el pasto, con algo de comer, algo de dulce, de sal, un rico té helado, con un libro, pero también con un cuaderno y un lapicero. Para subrayar, para comentar, para realizar esa indispensable labor de introspección ahí, yo solo, al lado del Museo Nacional. Qué delicia. Un confinamiento voluntario y al exterior.

La comida es lo de menos, pero si quieren completar el cuadro en su mente, había pedido para llevar una hamburguesa de lentejas de Home Burger, tenía bolsitas de mostaza, un Hatsu blanco y un bocadillo. Había chaquetas con capuchas que hacían la labor de mantel. Dandismo en el año 2020. Oscar Wilde seguro lo haría.

De repente apareció un pequeño personaje y me habló. Me saludó. Me preguntó porqué yo leía tanto si en últimas luego no me iba a acordar de nada. Es más, me zanjó inmediatamente una pregunta: “¿cómo se desarrolló tal diálogo en tal libro de Isabel Allende?”, “¿cómo se desarrolla Historia de Dos ciudades?”, “¿Cómo describirías el segundo capítulo del Libro del desasosiego?”. A todo le respondí que no tenía ni idea y también le respondí que no me importaba. Luego yo le lancé una contrapregunta, apresurándome porque este duendecillo de zapatos Vans y orejas largas me estaba robando las papas. Le dije “¿recuerdas cómo fue tu fiesta de la primera comunión? ¿qué ropa llevaba tu tío y qué comieron exactamente? ¿recuerdas qué hicieron exactamente luego de almorzar?”. El duende se quedó callado, mientras seguía cogiendo descaradamente mis patatas (digo patatas para creerme más cosmopolita). Le pegué en la mano para que no cogiera más.

Él me respondió que no, que no se acordaba de nada. Le pregunté: “¿pero recuerdas que la pasaste delicioso verdad?”. Él me dijo: “sí, de hecho yo lloré porque recuerdo, no sé, que mi tía me dijo algo lindo, ese día fui muy feliz”. El duende era verde y ese recuerdo le generó una tonalidad más oscura. Verde pasto.

“Perfecto, mi querido duendecito, no importa que no te acuerdes de los detalles, lo que importa es que recuerdes que gozaste. Puede ser que yo no me acuerde de muchas cosas de los libros, es natural, pero recuerdo que ese día gocé mucho. Recuerdo que por aquí cerca, en un sitio que venden pasteles, por aquí cerca a estas pendientes de La Macarena, por ahí terminé un libro llamado “Tú que deliras”. Recuerdo perfectamente que ese día fui muy feliz. Tal vez no me acuerde de la trama. ¿Me entiendes duendecillo?” cuando miré ya no había nadie, no estaba él, se había ido, era una especie de alter ego que se me había postrado en esta dimensión corpórea. Como decía Pessoa, un heterónomo. Un Doppelgänger.

Tampoco estaba mi porción de papas lastimosamente. Me dejó una nota: “Gracias, esa era precisamente lo que quería escuchar. El mundo es de sensaciones, es cerrar los ojos; a veces vale más sentir que conversar. A propósito, quiero que oigas esta mezcla que hice, con lo mejor de la música bajo mi criterio en este momento. Óyela”. Qué bello ese duendecillo. Les dejo la mezcla para que la oigan. Sí, la música y la literatura en últimas pueden con todo y contra todo.

Visiones sobre LA HUMANIDAD y sobre los promedios

Charles Schultz, el creador de Snoopy, esa tira cómica que aún sigo leyendo cuando me llega el periódico del sábado y del domingo, decía lo siguiente: “Amo a la Humanidad; a quien no soporto es a la gente”. Por otro lado, Marcel Proust, al final de su majestuosa obra “El tiempo recobrado” (la última de la serie de “En busca del tiempo perdido”), que por fin terminé hace un par de días, escribía: “si llegara a disponer de bastante tiempo para realizar mi obra, no dejaría de describir en primer lugar a los hombres”, como queriendo decir que en últimas, para bien o para mal, siempre será el ser humano el fin último de inspiración. ¿Hacia qué bando estás tú? Claramente los extremos son malos, pero también los extremos sirven, así como sirven los límites en las matemáticas cuando una variable tiende hacia un valor determinado. Sirve conocer el límite para imaginar qué hay después de él.

Somos lo que somos gracias a la Humanidad, vista esta como el conjunto, a lo largo del tiempo, de todos los seres humanos, cada uno haciendo su pequeño aporte. Unos con la penicilina, unos desarrollando el transistor, unos creando música concreta, unos creando recetas japonesas, unos en New Orleans experimentando con algo llamado Jazz; Todo eso genera una amalgama deliciosa: la humanidad. Si les puedo escribir esto es gracias a los aportes que ha hecho la Humanidad: quien inventó la luz, el Word, el WordPress y quien inventó el house que suena de fondo.

Pero ya que traje a colación las matemáticas, tenemos que darnos cuenta que en una muestra de la población, o en la población misma, se sacan promedios. Consiste en dividir todos los datos disímiles entre el número de habitantes. Por eso decimos que, en promedio, en Colombia se consumen, me estoy inventando, 3 alitas de pollo por persona al mes. Habrá gente que no consume nada porque son vegetarianos o veganos y habrá gente que, viendo un partido de los Lakers, se zampa tres porciones ininterrumpidas acompañado de una cerveza rubia y de una rubia. Redondeo mi idea: en ese promedio de 3 alitas están los que comen 0 alitas y los que comen 20. Ahí la generalización presenta un sesgo.

Lo mismo ocurre con la frase del creador de Carlitos. La humanidad es hermosa pero también, al sacar el promedio, hay gente de todo tipo: gente que comete crímenes, gente que trata mal o habla mal de la esposa, gente que clava puñaladas en el trabajo o en un partido de fútbol para sobresalir, gente que no estudia y pasa por pasar, gente que da malos consejos bajo su calidad de líder, gente que roba a quien tiene o a quien no tiene (conceptualmente es lo mismo pero en la práctica es tan diferente). Gente que escribe delicioso como María Dueñas y gente chismosa que mira el error ajeno; Gente talentosa en las guitarras, brindando felicidad, y gente insidiosa. Gente que ve lo bueno en los demás y gente que ve lo malo para ahí entrar. Gente que escribe y gente que solo bosteza. Gente que enseña y gente que desinforma. Como dice Pessoa, en su Libro del Desasosiego, la inadaptabilidad a la realidad vulgar. De ahí el éxito de los promedios y de la estadística, más no necesariamente su funcionalidad.

La Humanidad es tan solo un promedio: aún no sé si aritmético o ponderado.

Un guiño a Marcel Proust

Hola Marcel. No, no te hablo a tí exnovio de Edith Piaf, no, a tí no. No a ese Marcel. Me refiero a tí, Marcel Proust. Tu bella obra, “El tiempo recobrado”, de alguna manera me ha puesto a leer con lupa. Esta bella obra no es una novela, no es una historia que va ocurriendo y ya. No son como los cuentos de Amos Oz, en especial “Perdidos”, donde el protagonista se encuentra a una mujer y nunca se sabe al final qué ocurre. Muchos cuentos de Amos Oz, de sus Escenas de la vida Rural, terminan en punta. Pero esta vez no hablo del escritor israelí; esta vez hablo de tí, Marcel. Te escribo a tí. Y más exactamente a tu obra. Me encanta que toda tu saga de “En busca del tiempo perdido” no sea una novela, sino una sarta de divagaciones.

Claro, obviamente hay cosas más urgentes, hay que ser ágil, moverse, ulular dentro del agite. La vida exige en múltiples ocasiones ser solemne. Pero si nos detenemos un momento y si estamos mirando el horizonte, respirando y en paz existiendo ¿ahí qué queda? queda algo que Marcel describe como “ese extraño que era yo mismo”. Nunca somos los mismos; el niño que fui cuando me tocó leer por obligación Madame Bovary no es el mismo adulto que ahora se deleita. No soy igual que hace tres años. Ese extraño que era yo mismo.

Los verdaderos paraísos son los que hemos perdido, lo dice Jupien, uno de los protagonistas. Trato de ponerme en el lugar de él cuando lo escribió y tal vez lo entienda, más no lo comparta. Podemos darnos cuenta del paraíso que tenemos alrededor aun sin haberlo perdido. Podemos valorar la arena incluso segundos antes de que se esfume de entre las manos. La frase de que nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde, esa célebre frase puede ser cortada de un tajo. Un verdadero paraíso, como el que suscita una canción bien llevada, la música que lleva implícito un tiquete de viaje de principio a fin.

La sonrisa o la seriedad de una niña pintando sobre el lienzo. Amores por encima de lo solemne.

Claro, la inmediatez deja la literatura de lado. Pero allá arriba en la colina, cuando estemos en la tranquilidad argéntea, cuánto los vamos a necesitar. No hay que esperar hasta allá, podemos tener la cultura ya. Podemos ser los más modernos pero también los más antiguos, la clave tal vez sea no dejarse llevar por lo inmediato.

Tal vez la actualidad o el presente sea solo un canal. Tal vez esa sea la clave para recuperar el tiempo perdido. ¿No, Marcel?

P.D. Hice un video educativo muy chévere, en el que aparecieron algunos alumnitos de mi clase de pregrado. Los invito a que lo vean. Se puede marcar la diferencia, sí se puede…

Lope de Vega y sus chinelas, sus listones y su majestuosa literatura

“Siempre es discreto lo amado y necio lo aborrecido”. Pensemos en esto, tal vez sea cierto, tal vez el amor está siempre ahí con un bajo perfil, sin prisa pero sin pausa, la sombra fiel callada siempre; mientras que el odio entra a relucir con todas sus fauces, el odio es un altavoz a todo volumen; Sí, amigo Lope de Vega, tal vez te acepte ese postulado. Esto lo dice él en su obra majestuosa “El caballero de Olmedo”, literatura del Siglo de Oro, es decir entre los años 1492 y 1681. Me fascina la literatura, los modismos, el humor, el doble sentido de esa época, es maravilloso; creo que mi postulado o leitmotiv personal, referente a siempre leer un libro absolutamente nuevo y mezclarlo con uno absolutamente antiguo, me crea dos perspectivas en el cerebro, dos contextos, algo que hace el placer de la lectura aun más intenso. Me maravillo, mis sentidos se exacerban al leer a Lope de Vega; vengan, si así me lo permiten vuesas mercedes, compartirles algunos ejemplos de este texto.

Este texto narra algo tan básico y a la vez tan complicado como una historia de amor: Un man, tocayo mío, o sea Alonso, se enamora de una jeva llamada Inés. Punto. Le quiere caer, le quiere arrastrar el ala. Entonces empiezan aquí los deliciosos diálogos, en esa revuelta España de 1.600: por ejemplo, se referían a que hay que guardarle respeto a una señora que acababa de morir. Es decir, debían guardarle respeto a la finada. En el lenguaje de esa época: “….pero teniendo respeto a la que pudre…”. A la que pudre, qué locura. Continuemos.

Las chinelas son unos zapatos de esa época sin tacones. Entonces a don Alonso le parecían muy bonitas las piernas de Inés, por lo tanto él decía que “una chinela de color que dora de una coluna hermosa y cristalina”. La coluna, o columna, hermosa y cristalina pues son las piernas de Inés. Es el equivalente al dicho de ahora: “tiene más tarros que un loco”.

Otra frase: “Dicen los discretos que consiste la hermosura en ojos y entendimiento”. Y sí, los ojos nunca cambian, el cuerpo sí. La mirada siempre será la misma y el entendimiento es el que en últimas mantiene el amor; no es la pasión, es el entenderse el uno al otro. Tengo aquí en mi casa ahora puestas unas hopalandas, es decir ropas sueltas, cardigans largos de color gris. Con esta ropa leo, con esta ropa me maravillo .

Qué bello esto. No quiero extenderme más, solo les quiero impregnar algo de mi amor hacia los libros; hoy fue el siglo de Oro, el castellano antiguo, nuestras raíces. Los invito a que lo hagan, les garantizo que se llevarán muchas sorpresas positivas.

Las dos musas clonadas

(este es un Botticelli…)

-Hola. Sí, te quería llamar. Es que mira que yo era la más solicitada. Me acuerdo que siempre, muy temprano, la gente hacía fila por verme, yo estoy en un cubículo como de vidrio. Estaba arriba de las esculturas francesas, por ahí por La Nymphe Echo que está al aire libre, pero a mí me consienten más y me mantienen encerrada. Sigo ahí cerca a los cuadros de Hals, de Rembrandt y de Metsu. Es extraño, todo va en gustos, porque yo me miro al espejo y me noto simple, siento que es más bella una musa de esas que pintaba Botticelli o Filippo Lippi. Creo que tienen más gracias las pelirrojas de “Venus et les trois Graces”, pero debo tener autoestima y meterme en la cabeza que soy bella. ¿Cómo hubiera sido yo pintada por Renoir o por Monet? ¿más difusa? ¿sería menos famosa?-

-Continúo. Lo extraño es que ahora está vacío el cuarto donde estoy. Como te digo, antes estaba lleno, ni siquiera podía distinguir a la gente, ahora apenas veo de vez en cuando a una señora limpiando mi cubículo, trapeando por ahí y sacando polvo. ¿Qué ocurrió, sabes algo?- le preguntó la francesa a la colombiana.

-Hola. Acabo de oír tu mensaje de voz, te respondo. Mira, no sé, en cambio yo estoy siempre en la sala de esta casa, una casa sencilla, con dos sofás, una chimenea, tres candelabros y cortinas que adornan una ventana que da hacia un parque. Antes veía a 3 personas en la mañana, me quedaba sola y en la noche las volvía a ver un par de segundos, antes de que apagaran las luces. Ahora siempre los veo, en los sofás hay regueros de rompecabezas, juegos, empaques de papas fritas, naipes. Antes me sentía sola, ahora no- le respondió la colombiana por whatsapp.

-Conmigo es diferente, yo sí me siento sola, tengo mucho frío aquí en París- le respondió.

-Lo bueno es que somos almas gemelas, somos las mismas, nos tenemos la una a la otra- agregó la colombiana.

(Conversación entre la original Mona Lisa, que reposa en el Louvre de París, más pequeña de lo que todo el mundo cree, y una copia de sí misma en algún hogar colombiano)

La historia del house music… y algo más (como dicen en los restaurantes)

Hola:
Hay bastantes estímulos en el mundo exterior, creo que de eso ya nos pudimos dar bastante cuenta. Así no estemos en la calle haciendo mil vueltas, así no estemos en el Transmilenio fisgoneando conversaciones de terceros, así no estemos en el corrientazo pidiendo porción extra de arroz con salsa de tomate, el capuchino de más, mientras oímos a la gente hablar; así no estemos con gente, seguimos recibiendo información. Incluso más que antes, pensaría yo. Somos filtros humanos viandantes.

Y la música sigue sonando: en mi mente y afuera. En las esquinas, el beat se va dando siempre y asimismo va siendo escrito. Mientas se reúne un comité llamado Comité consultivo de la Regla Fiscal, que en otras palabras, es como un grupo de gente que le da pautas al Gobierno sobre cómo debe asignar sus recursos. Hay medidas, hay clases de finanzas, valores presentes y tasas compuestas. También hay tazas compuestas, la diferencia entre una “z” y una “s”. 

Todo sirve como insumo para la poesía. Acaban de publicar el dato de inflación: los precios en abril crecieron 0.16% y con esto, el dato anual queda en 3.51%. La comida sube de precio, pero otras cosas, como la diversión, se rezagan. Es el efecto de los promedios.

Y la música sigue. Si quieren aprender cómo surgió la música house en 9 minutos, vean mi último video de mi canal de Youtube. Es la Vida en finanzas.

Un 1 de Mayo en Alemania

Llegué a las 9pm a Schönefeld, el aeropuerto de Berlín, y me fui al Metro. De la estación de Pankow debía estar pendiente 9 paradas hasta la Ostkreuz. De ahí un trasbordo, otras 10 paradas. Bajarme en la Beusselstrasse. Ya eran las 10pm y mi teléfono celular estaba descargado. Todo estaba muy vacío, en las estaciones no había casi nadie y hacía mucho frío. Un frío que, mezclado con el silencio sepulcral de las calles, se magnificaba. En esa estación debía bajarme, con mapa en mano, y debía ir al número 40 de la Emdener Strasse. Trastabillar en alemán a manera de turista no servía en este momento; el frío apremiaba y era necesario llegar al destino, por lo menos dejar la maleta y saber que tenía un techo donde dormir. A esta hora era necesario usar el idioma inglés, el idioma de lo práctico, el de los canales de noticias. Please, could you help me with an adress? i’m a tourist. Iba caminando una señora, amablemente le pregunté por la dirección Emdener Strasse 40, la tenía apuntada en la mano.

Ella en un inglés afrancesado me dijo “más te vale no se te pierda la mano”, con tono jocoso. Caminé unos veinte minutos, vi el número 25 y me empecé a acercar al 40. Por fin, luego de dudas y averiguaciones, atiné a timbrar en el único nombre que me sonaba, sabía que era algo como árabe, algo así.

“Hi, i was waiting for you” me respondió el anfitrión de Airbnb. Se llamaba Houssam Haddad. Me conecté a internet y avisé por whatsapp que ya había llegado, que la travesía sin celular desde París a Berlín había sido un éxito; me duché rápidamente y dormí delicioso. Al otro día, primero de mayo de 2017, salí a caminar. Comí una salchicha con mostaza y un pan por 2 Euros, recuerdo que me llamó mucho la atención la diferencia en precios respecto a París. Tenía que llegar a mi destino: la Columna de la Libertad, la Siegessäule, esa columna gigantesca dorada en la que se habían congregado miles de alemanes 20 años atrás en la celebración del Love Parade. No podía creer estar ahí.


Subí hasta lo más arriba que se podía. Se veía toda Berlín. Yo sabía que era festivo, normal, así como también es festivo aquí en Colombia. Lo que no sabía es que había una gran celebración por el día del Trabajo en la Puerta de Brandeburgo, con grupos de rock, de pop, todo muy familiar. Es indescriptible lo que sentí cuando llegué ahí. Había un gran pendón rojo que decía “Wir sind viele, wir sind eins”. Somos muchos, somos uno. Estaba tocando un grupo de pop llamado Einzig und Artig. Compré una cerveza y me senté ahí. El animador gritaba arengas sobre lo felices que debíamos ser, sobre la libertad, sobre la familia. Una lágrima brotó de mi ser.

Fue maravilloso. Luego fui hacia la torre de la Televisión (Fernsehturm) y mientras caminaba, mientras más me maravillaba, tomé esta foto, cerca a Alexander Platz:


Traduce lo siguiente: Cualquiera que pueda leer con el corazón, sabrá lo que es el amor. Es tomado de la grandiosa Ópera (que tanto amo) La Bohéme, de Giacomo Puccini.

Así seguí caminando. Así pasé el primero de mayo, hace exactamente 3 años. Un día del Trabajo en Alemania que nunca olvidaré.

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Literatura de varios países que llega a mi mente

Mil letras han llegado a mi mente estos últimos días, cruzándose con las que ya habitaban antes. Se han hecho amigas las letras ancestrales con las nuevas, las que ya moraban ahí con las neófitas. Así es el cerebro: va recogiendo estímulos y los procesa para luego generar nuevos resultados, como este escrito que leen ahora. Es lo bello del ser humano, su poder de creación. Su capacidad para ver lo bueno en lo malo. Dentro de todo lo que ha llegado los últimos días, hay una bella historia de María Dueñas, llamada “Las hijas del Capitán”.

Como precisamente estamos hablando del ser humano, al ver un libro de 617 hojas la primera reacción es decir -no, qué pereza tan horrible, severendo libro tan largo- pero no, no desfallezcamos ante ese primer obstáculo. Más bien mi consejo está en no pensar en libros sino en capítulos: si veo que el libro tiene 617 hojas pues mi reto será leerme el primer capítulo. Y así va sumando, así voy sumando. Ahora voy en la 213 y quiero más, tengo que leer más: es la historia de tres hermanas que quedan huérfanas en Nueva York, son españolas, su mamá (la señora viuda) las acompaña, tienen sueños, frustraciones. Es impresionante, además está situado en 1938.

Victoria, Mona y Luz deben ver qué hacen. Ellas tienen un restaurante, al que no le llaman restaurante sino casa de comidas, y deben ver si lo cierran o si lo mantienen, ante tanta adversidad. Todo se va mezclando en mi cerebro, además con otro español que acabé de leer: “El mundo es ansí” de Pío Baroja. Este libro narra la vida de Sacha, una señora rusa que se ha visto en bastantes desvaríos amorosos en varias partes del mundo; es aproximadamente en 1912 y su título no es un error. “Ansí” es la forma antigua del “Así”, por lo tanto si están de desparche en estos días de cuarentena y juegan Boggle, la palabra “ansí” es válida y si les sale, pueden terminar sorprendiendo a su crush, a su damisela o a sus padres e hijos.

Mucha literatura española mezclada, así que le agregué algo israelí. Empecé también un libro de relatos de Amos Oz, un bello escritor nacido en Jerusalén del que solo había leído hace varios años un libro llamado “La bicicleta de Sumji”. Esta vez tengo uno de relatos escritos por él, llamado “Escenas de la vida rural”. Empecé con el primer cuento, llamado Herederos. Me sorprendí como en 10 hojas me ilustró el paisaje y la vida de esa otra cultura. Beautiful.

Cada vez más maravillado, retomé el último ensayo que me faltaba de un libro que tengo de Oscar Wilde, llamado “La decadencia de la mentira y otros ensayos”. Precisamente, me faltaba uno de los “otros ensayos”. Puntualmente, se llama “El retrato del señor W.H.”. Es una disertación acerca de los sonetos de William Shakespeare y de cómo en todos ellos hay un nombre por ahí escondido, al que William gran pleitesía y admiración aparentemente le profesaba: un tal Willie Hughes.

Con toda esta amalgama de influencias, británicas, de Israel y españolas, decidí hacer un alto en el camino y compartírselo a ustedes. Es una delicia lo que se siente al leer.

P.D. para hacerle honor al título de mi blog, La vida en Finanzas, hice un video en youtube muy interesante sobre qué debemos hacer a la hora de calcular el precio de una acción. Los invito a que lo miren y se suscriban, ahí en mi canal hay bastante información que les puede servir. Mis abrazos siempre aquí desde el confinamiento. El ser humano siempre saca lo bueno.

Las finanzas y la literatura conviven aquí…..