Reencarné

La obsesión por los viajes en el tiempo siempre existirá. En varias series y películas que he visto se plantea ese concepto, bien sea de manera jocosa o tratándole de meter la mayor dosis de objetividad y ciencia. De cualquier manera, no deja de ser un sueño, una obsesión. ¿Cómo sería verme de niño? Narcisismo, curiosidad, seres queridos que se fueron, qué sé yo. Mil preguntas que seguro se le vienen a la mente a ustedes en este momento.

Sin embargo, hay algo que siempre me imagino: reencarnar. La reencarnación es la máquina del tiempo más efectiva. ¿Qué vehículo más acertado para viajar en el tiempo que el mismo cuerpo humano a lo largo de las generaciones? Imaginemos un poco: hace un par de meses les había dicho que yo en verdad creía ser Emily Dickinson reencarnada en Jorge Ruiz. De Dickinson a Kemistry. Pero no, con más ímpetu creo que quien reencarnó en mí, ahora sí y por última vez mencionada (lo juro), es Simone de Beauvoir. Les diré brevemente porqué.

En sus Memorias de una joven formal, ella menciona que de las obras de música clásica que más le gustó fue El surgimiento de la primavera, del gran Stravinksy. Le sacre du printemps. Bueno, esta obra hermosa resuena en mi andamiaje de sonido por lo menos una vez por semana. Luego en el mismo libro ella dice que quiso leer La Odisea para poder entender a la humanidad. A mí también me movieron los mismos derroteros al buscar esta obra de Homero. Ella tenía varias ideas sobre la mojigatería, sobre la política y sobre la religión con los cuales concuerdo mucho, pero qué pereza escribir de esos temas. Lo que más plasmó mi ser fue lo relacionado a las cenas y almuerzos en grupo, tema ya ampliamente mencionado en artículos míos previamente. Ella decía lo siguiente: “Me alegraba poder eludir el ceremonial de las comidas en familia; reduciendo el alimento a su verdad, me parecía dar un paso hacia la libertad”.

Así como definía yo la otra vez la fiesta perfecta: 6 u 8 (no pueden ser más) personas serias, robóticas, mudas, bailando minnimal techno con un strober titilando.

La otra vez yo escribí sobre eso. Tal vez el ceremonial de las comidas y el hecho de dormir estén sobrevalorados. La comida y el sueño son dos necesidades biológicas, más su exacerbación a lo largo de la historia pueden generar algo de aburrimiento. No había visto que nadie más lo escribiera. La comida puede reducirse al solo hecho de alimentarse.

Y bueno, Simone, imaginar cosas y escribir opiniones no cuesta nada. Continúo hallando pistas en los libros, en los periódicos, en todo lado. A ver si ella viajó al futuro en mi cuerpo o si más bien yo viajé al pasado en el cuerpo de ella.

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