Caminatas

Salí. Agarré la correa, até a mi perro, me até a mi mismo con los audífonos gigantes Pioneer. Cada quien usa su propia correa, cada quien decide a qué se ata. En la mano derecha llevaba al perro, en la izquierda un libro gordo y un cuaderno. Un lapicero en el bolsillo del saco de capucha, la billetera en el bolsillo trasero del jean. Ya no llevo monedas. ¿Qué oigo? Me decidí por un grupo de K-pop llamado Stay-C. Salí caminando callado, bajé el ascensor y me despedí de los porteros, mientras dentro de mí, en mi burbuja interior, ocurría un maremágnum, un video musical ahí en vivo y en directo, mientras veía gente pitando y dos bicicletas de Rappi.

Una señora me saludó y me preguntó por el perro, que cuántos años tenía y yo respondía amablemente sin pararle mucha atención. No sé qué más dijo, pero a todo le respondí “sí, claro, impresionante…sí, claro, impresionante”. Iba caminando, le tomé una foto a mis tenis, miré cómo la tela del abrigo contrastaba con la bufanda y vi a un señor, de unos treinta y pico años, un poco angustiado sentado en la banca del parque. Ocurrió que apenas pasé por ahí, él se puso de pie y saludó a una señora, muy emocionado de verla, supongo que tratando de ocultar su nerviosismo. Ella miraba para todos los lados. Dije para mis adentros: “aquí hay algo interesante”. Le puse pausa al k-pop y me quedé por ahí parado, mientras el perro ladraba y yo leía los escolios de Nicolás Gómez Dávila. Vaya ingenio el de don Nicolás.

-¿Te costó mucho llegar aquí?- dijo él.
-Sí, pues un poco, me pasé una estación, debía bajarme en Alcalá pero me bajé en Prado- dijo ella.

Sentí que había algo surgiendo. Había sustancia. El amor puede surgir en cualquier parte. El odio también, el desinterés ese sí que en cualquier parte.

-Pero tu acento es de la costa, ¿de dónde eres?- le preguntó ella.
-De la Guajira, ¿tú eres venezolana verdad?- le respondió él. Noté una sonrisa. La sonrisa al desenmascarar un sentimiento inédito.

Me fui a dar otra vuelta. Apunté frases. “Sabio es el que no ambiciona nada viviendo como si ambicionara todo”. Qué magia, qué delicia. Sí, yo sé, hay mil cosas más importantes, estamos viviendo un caos, estamos en el apocalipsis, todo está horrible. Pero qué puedo hacer, hay frases que son refugio, frases que son mantras. No puedo evitar estas emociones en el mar de la rutina.

Luego volví.
-Y entonces, ¿te gusta Amazon o Disney?- le dijo él a ella. SI ya van hablando de series, todo va bien, no puede ir peor. 
-Sí, Disney me gusta, mira que ahí están los clásicos, está el primer cortometraje de Mickey- le dijo ella. Sí, señora, tienes toda la razón. Casi meto la cucharada, casi opino sobre el giro que dio Wandavision en el último capítulo, con la aparición de la bruja Agatha Harkness. Yo seguía leyendo los escolios, leía lo siguiente: “el hombre culto no se define por lo que sabe sino por lo que ignora”. 

Vi que se iban caminando, sonriendo. Sonreír, bien sea de manera real o fingida, es una inefable muestra de aceptación. Se alejaron de mí pero se acercaron entre ellos. No sé a dónde habrán ido. 

Volví a darle play a mi música y seguí mi camino

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.