Tantos acentos y tanto mecato

Hace unas cuantas semanas recibí un hermoso regalo. Un gran amigo de Neiva me mandó un paquete con mecato huilense: constaba de panelitas, café especial, una especie de bocadillos envueltos en hoja así como un pequeño tamal, achiras (qué buenas las achiras) y varios dulces. Lo disfruté mucho, fue un detalle muy chévere. Ese detalle me hizo pensar en algo: Neiva queda como a dos horas de Popayán y el mecato es diferente. Luego dos horas por otro lado queda Cali: allá hay un mecato diferente. ¿Porqué? ¿Quién lo decidió? Cada ciudad tiene su propia comida típica.

Empecé a imaginarme cómo se habrá formado popularmente cada comida típica. Imagino algo como esto: en cierta región del Cauca alguien decidirá hacer el tamal con un picadillo de papa que se llama pipián. Entonces en otra región alguien dirá: “No, yo lo quiero hacer así pero le quiero meter una presa de pollo, metámosle una zanahoria, innovemos” y se creó el tamal huilense. O en Tolima también alguien dijo: “No, hermano, yo le quiero meter otra cosa, aquí no se consiguen zanahorias, pongámosle zapallo papá”. Hagamos la sopa de otra forma, hagamos panelitas diferentes, así se va formando la cultura gastronómica. Luego vino a mi mente algo que me encanta: los acentos.

Imaginen no más una región colombiana: el suroccidente. En Pasto la gente habla de una forma, luego cuatro horas más para arriba, en Popayán, hablan diferente, luego en Cali, a tan solo dos horas, se habla transversalmente diferente. Y así, más para arriba llega el acento paisa. Y no más imaginen dentro de Popayán: los señores payaneses tradicionales hablan de cierta forma, los jóvenes de otra, las viejitas campesinas de otra. Incluso hay una familia de un gran amigo que tiene un acento payanés tan marcado que les dicen “los mexicanos”. Es decir, imaginen a Cantinflas, así tal cual hablan. 

En Bogotá los rolos tienen su acento, las niñas de colegio tienen un acento como de Nickelodeon. ¿pero cómo se formó? Es decir, ¿en qué momento una niña decidió pronunciar tal palabra de tal forma, comiéndose la “S” o alargando la última sílaba haciéndola más cantada? Me encanta este tema, podrán darme teorías, pero lo delicioso de esto es que no hay respuesta, ni Llinás ni Hawking lo saben. Los acentos comprueban la existencia de la generación espontánea. Nacen porque sí. 

Ya iba a acabar este artículo y salí el domingo a tonsurarme la sotabarba. Fui y el barbero me dijo “oye, ¿eres de Cali?”. Le respondí que no, que era de Popayán pero que sí, había vivido en Cali. Me dijo que se le había hecho raro que voseara, él me dijo que era de Venezuela. Claramente le pregunté: “oye, estoy haciendo un artículo sobre los acentos, ¿tú de dónde eres? ¿Cómo distingues los acentos en Venezuela?”- y él me dijo que por ejemplo él era de Maracaibo, que ahí eran como los costeños pero que en Caracas tuteaban más, luego me dijo que en Barquisimeto era el acento más cantadito. Me pareció espectacular el tema, ahí me dejó la barba bien bacana y le agradecí mucho. 

Me quedé pensando que seguro en otros países es igual. En EEUU las newyorkers hablan de una forma, diciendo “oh my God” cada tres segundos y de una forma súper rápida. En otro estado más rural, por ejemplo Kentucky, hablarán muy diferente. Supongo que en Alemania por ejemplo en algún colegio de Berlín alguna niña dirá “uy cómo así, esta niña tiene puro acento de Dresden, la boleta, y este otro niño que conocí ayer no me gustó, tiene puro dejo de Nüremberg, mejor no le hago caso”.  O en Rusia, en alguna universidad, este man le quiere caer a una buena rusa pero se patrasea porque no tiene acento de Moscú sino de Kazán, qué jartera. Cuentan también que al nuevo estudiante le hicieron bullying porque tenía puro acento de Novosibirsk.

Y sí, ya se alargó mucho este artículo. Voy a seguir practicando mi acento rolo mientras como manjarblanco, uon.

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