Historias para el festivo de velitas… ūüíę

Cada vez que frenaba, en el carro sonaba una especie de chillido en el lado izquierdo. Era extra√Īo porque acababa de ser arreglado, deb√≠a llevarlo por garant√≠a; sin embargo en semana era muy dif√≠cil. Tuve que esperar al s√°bado en la ma√Īana. Ese d√≠a me despert√© y sal√≠ sin ba√Īarme, solo me tom√© un tinto fr√≠o. Supon√≠a yo que lo normal era dejar el carro, que lo arreglaran con tranquilidad, que se tomaran todo el tiempo necesario y me llamaran luego. Igual no importaba mucho, en estas √©pocas no uso casi el carro. Aceler√© y cog√≠ la autopista hacia el norte y sab√≠a que por la ciento sesenta y pico deb√≠a cruzar a la derecha. Qu√© inc√≥modo, cada vez que medio frenaba o que medio desaceleraba chirriaba jart√≠simo.

Llegu√© al destino. Edgardo, el se√Īor del taller, muy querido (no s√©, se parece como a Rafael Orozco, el del Binomio de Oro) me pregunt√≥ si quer√≠a tomar algo, de una le dije que tinto, pero pues yo le dije que me pod√≠a ir y que volv√≠a luego, no pasaba nada. √Čl me dijo que no, que √©l iba a revisar si hab√≠a mugre en los rines, me dijo que fijo era eso, y que en una media hora estaba listo. Me dijo que tranquilo, que esperara ah√≠ en la sala. Andaba otro se√Īor por ah√≠ en las mismas, a ese no le encontr√© parecido.

Siempre, el 100% de mis minutos de la existencia, imagino estos momentos, por eso siempre ando con dos libros, un cuaderno, un lapicero, una revista y tres laminitas de √°lbum o stickers para pegar. Siempre estoy preparado, siempre ando con escudo, soy un guerrero literario y musical que anda con el lapicero como espada y varios libros como escudo. Ando con todos los implementos que inflan mi burbuja, aud√≠fonos con adaptador, de los gigantes, para desconectarme. Escudos kafkianos, de esos que usaar√≠a Joyce. Esta vez cuando me sent√©, mir√© hacia la televisi√≥n, transmit√≠an un especial sobre Maradona, hurgu√© en mis bolsillos, mir√© para arriba, para abajo, no, no pod√≠a ser, imposible, me vi desnudo, me sent√≠ vac√≠o, desamparado, no ten√≠a nada, estaba viudo, solo ten√≠a las llaves en el bolsillo. ¬ŅC√≥mo era eso posible? Nunca pens√© que me iba a tocar estar ah√≠, no saqu√© libros, no saqu√© nada, ¬ŅQu√© voy a hacer? Mi coraz√≥n empez√≥ a palpitar.

¬ŅQu√© opci√≥n ten√≠a? Record√© que acababa de bajar una aplicaci√≥n para jugar ajedrez en l√≠nea. Siempre me gust√≥ el ajedrez, de hecho cuando ni√Īo ped√≠a que me compraran una revista que plasmaba las jugadas. e2-e4 empec√© a jugar, es decir saqu√© un pe√≥n y se movi√≥ de la celda e2 a la e4. Record√© todo, perd√≠ las tres partidas pero retom√© esa afici√≥n. Amo el ajedrez, es la matem√°tica, la geometr√≠a ah√≠ en la diversi√≥n. Adem√°s que, como me vi la serie The Queen’s Gambit, que trata sobre una campeona de ajedrez, andaba emocionado por ese tema. Qu√© buena cosa. 

-Don Jorge, ya est√° su carro. Ese Maradona era un berraco, ¬Ņno?-  me dijo Edgardo

(instagram @kemistrye )

 
¬Ņy qu√© ocurri√≥ luego, viejo George?
Alfiles, gambitos, torres, enroques, techno, Maradona. Bueno, el carro fue arreglado, pas√© comprando Coca-cola, panqueso y man√≠. Claro, luego me ba√Ī√©.

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