La efímera historia de Juanfer y Fernanda

-Hola- le dijo él.

-Hola, ¿qué tal?- le respondió ella, mientras seguí el beat con el zapato derecho.

-Excelente. ¿Andas sola?- empezó a preguntarle él, como para romper el hielo, con ese cosquilleo al no saber qué le iba a responder ella.

-Sí, en este momento estoy sola; y tú, ¿vienes a menudo por aquí? ¿cómo te llamas?-

-Me llamo Juan Fernando pero dime Juanfer, me gusta sentirme informal; claro, si te parece; ahora andaba trabajando, un par de negocios, pero ya me desocupé, decidí pasar por aquí un rato y así despejar mi mente-

-Ok, no hay problema. Me gusta tu barba, por cierto, jeje- le dijo ella.

Así siguieron, así se empezaron a conocer. Se miraban de reojo, mientras esperaban que llegara más gente. Sonaba algo de música de fondo, lo bueno es que no sonaba muy duro y así no tenían que esforzarse, no había necesidad de gritar. Desde que él la vio a ella, lo poco que pudo ver, le encantó. Era ya de madrugada, él quería arriesgarse un poco así que se lanzó con algún flirteo algo más lascivo.

-Pero ven, sonríeme, te me pareces a una modelo, no me acuerdo cómo es que se llama, sea como sea me pareces divina-

-jaj, no digas tonterías. Dame un momento- le dijo ella, mientras se iba de ahí un momento. Fue y se sirvió una cerveza fría. Él estaba tomando Pepsi.

-¿Quieres bailar?- le dijo él, un tanto atrevido, pero como ya les dije, tratando de arriesgarse un poco ante esta nueva relación, ante esta bella persona que estaba conociendo.

-Está bien- dijo ella. Ella se llamaba Fernanda. Empezó a moverse un poco, algo incómoda, mirando hacia todos los lados cuidadosa de no hacer el ridículo. Él sonrió y también bailaba.

-Como te decía, es la primera vez que vengo a este sitio. No acostumbraba a hacer este tipo de cosas, pero ya estaba cansada de estudiar y de la monotonía, así que cambié mi mentalidad y llegué aquí- dijo ella.

-Vas a ver que te acostumbras- le dijo él. -A veces es necesario distraerse, si lo piensas no tiene nada de malo. Ven te presento a mis primos, ellos andan por aquí también- decía Juanfer.

-Ok, ¿y te gusta leer?- le preguntó Fercha. Ella continuó bailando con un grado mayor de desenfado, además se sentía bella, la música sonó un poco más duro, hace rato no se maquillaba ni se vestía con chaquetas y medias veladas negras. Esta noche prometía ser mágica. -Juanfer, ¿pasó algo?- preguntó ella, al notar que él no le respondía, no sabía si se había elevado o qué.

-Ya voy mamá, sí, ya voy, ya sé que me debo dormir ya- le dijo Juanfer, de trece años, a su mamá.

Juanfer, que en verdad se llamaba Tomás, se tuvo que desconectar de la fiesta virtual y no se pudo despedir nunca de Fernanda. Se durmió y continuó haciendo tareas al día siguiente, le acababan de avisar que hasta finales de mayo debería seguir en casa por algo llamado cuarentena.

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