El poder de la calma

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Estos dos últimos días no les había mandado nada, pero es verdad lo que dicen en ese refrán cliché, “no estaba muerto, estaba de parranda”. Más o menos fue así. No mentira, quiero argumentar, ante tantos trolls, que era una broma y que no quise decir nada. Ni estaba muerto ni estaba de parranda, era un chiste. Lo que ocurría era que estaba pendiente de algo personal que ya gracias a Dios, para mi tranquilidad, quedó bien. Además, para rematar, ocurrió un lunes negro aparte del financiero: algún mago hackeó esta página, algún niño de 13 años en la República Checa, con una camiseta de Flash y un red bull en la mano, con airpods, acné y Adidas Samba, hackeó la página de la vida en finanzas, imposibilitando la entrada. Ayer en la deep web supongo hubo muchos hackers por ahí, con sus hoodies negros, chismoseando los algoritmos de mis blogs para cobrar algún rescate millonario. Rescate que al final nunca ocurrió, seguro ahí sí estaban de parranda, oyendo allá black metal en la deep web.

Miré a mi derecha y vi a una señora parecida a Benazir Bhutto (tranqui, googléenla). Era una señora de Bloomberg hablando sobre tantos problemas en precios que ha habido estos dos últimos días. Wendy Benjaminson se llama la reportera. La oí hablar sobre todo el debacle y es que el lunes, en inglés, tiene varios colores: a veces es blue monday y ayer fue black monday. Todo se exacerbó, así lo llamo yo. Es curioso porque los títulos del gobierno se subieron de tasa como yo nunca antes había visto. O sea, quien hubiera estado corto (o sea apostándole a una baja en el precio) en títulos con vencimiento de 2034, habría visto como se subieron del 6.10% al 6.93%, eso es, ahí sí lo digo, demasiada subida en tasa, demasiada baja en precio. También el dólar, que anda por los 3.800, cualquier activo del que les hable va a estar absurdo, todos se movieron de formas insospechadas. Y sí, mil porcentajes, algunos con cifras muy positivas y otros con cifras muy negativas.

Entonces en los periódicos muestran a un man en la pantalla cogiéndose el pelo y gritando con cara de preocupación y un diagrama con flechitas para abajo y un señor en Wall Street con un teléfono vintage gritando y cogiéndose la cara. Bueno, eso ya no se puede hacer por todo este virus que tiene corona.

Pero después de todo esto, ¿qué queda? esa es la pregunta que importa. ¿El mundo, los bonos, las pantallas y la vida se va a acabar? claramente no. Después del nerviosismo sigue la normalidad, igual hay que comer, hay que ir a cine y hay que comprar zapatos. Que el petróleo, que todo, igual alguna solución va a haber, les aseguro que el mundo no se va a acabar.Todo siempre se debe estabilizar y, sea como sea, se crean oportunidades.

Hoy martes cae granizo, el cielo está gris. Pero luego escampará, en algún momento escampa y llegaré a casa, tranquilo, caminando, de parranda con mis audífonos. El poder de la calma.

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