Una oda al amor

Hoy, sentado frente a la pantalla del Mastertrader, del Sen y de Bloomberg, ante unos bonos gubernamentales que se han subido un poco de tasa luego de la bajada de ayer (ya saben lo que ocurrió con la inflación), ante un poco de quietud y subastas no competitivas, ante datos financieros y operativos que nunca descansan y que siempre ofrecen capacidad de asombro y nuevas oportunidades, ante un dólar que vale 3.400 pesos y unas nóminas no agrícolas en EEUU de 225.000, ante mil datos numéricos que corren, que bajan y que entran en los softwares bajo una temperatura que empezó muy helada y que ahora ya va subiendo, motivando un striptease cronológico entre las 7am y las 4pm, bajo todo lo que ocurre en un día laboral, con todas mis repeticiones que uso en mi lenguaje escrito, cada escritor con su estilo, quiero vanagloriar al amor. Esto es una oda al amor que fue surgiendo.

Les cuento: ya habíamos hecho la fiesta hace unas cuantas semanas, allá yo había leído mis palabras, hubo grupo, baile y brindis, ya habíamos celebrado pero hoy mi hermana formalizó su matrimonio con su compañera de vida en una notaría. Yo no podía asistir por compromisos laborales y operativos pero estuve muy pendiente de ellas. Ya se hizo lo legal, por decirlo así. Y sí, quiero vanagloriar un amor y un gran avance en la sociedad, puntualmente esta vez hablo de este, pero en general el amor es el que mueve todo: la música, las películas, las civilizaciones (no más acuérdense de Enrique VIII), la sociedad, la moda. Y si es entre dos niñas, bienvenido sea, es lo de menos; como siempre he dicho, es mejor entre dos niñas con respeto que entre el clásico hombre y mujer de manera machista e irrespetuosa.

Suena a cátedra barata, pero estuve más presente que si hubiera estado presente. Es la oda al amor. Amen siempre: si es al otro sexo, está bien. Si es al mismo sexo, también. Deberíamos llegar a un punto en el que eso ni siquiera se mencione.

Como decía el lema del Loveparade, la máxima fiesta de techno y trance que se hizo en Berlín y que cumplió 30 años hace poco: somos la generación PLUR. Peace, Love, Unity and Respect. Que viva siempre el amor.

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