Sobre la necesidad de escribir

Durante los últimos meses no había escrito nada. Sí he leído muchas cosas, también por cierto en mi cuaderno apuntado cosas, pero plasmarlo en párrafos no. No lo sé, no hay excusa pero tal vez precisamente decir que no hay excusa ya se convierte en una excusa como tal; es admitir inmediatamente que existe algo implícito que me frenaba. Saturación, ganas de ver otros proyectos, la eterna desviación acérrima hacia la música, varias cosas.

La gente me preguntaba qué había pasado con la vida en finanzas. Me decían que siempre, a eso de las seis de la mañana, la notificación en el outlook, o cualquier otro programa receptor de mensajes, anunciando la llegada de mi correo mañanero se convertía en su propia alarma despertadora. Unos lo leían en el carro, en el bus, en el Transmilenio, en el metro de París o en el de Nueva York. Todo se detuvo. Sin embargo, esa misma falta de escritura se reflejaba en que ya algún mail laboral se tornaba más largo y con más explicaciones. Cualquier chat con algún amigo para explicarle cómo llegar a una dirección determinada se volvía en una perorata de ideas. Mis cuadernos de apuntes se volvieron más gordos. Todo empezó a acumularse como en un acantilado. El agua que se va rebosando.

Leí muchos libros, casi todos de manera simultánea y pocos de manera exclusiva. Apunté frases y creé otras más. La necesidad de escribir se traducía en que algún saludo se volvía un poema. Estudié y realicé presentaciones para clases de finanzas, siempre dando lo mejor de mí. Trataba de lograr buenos trades, ejecutando el eterno adagio de comprar barato y vender caro. Leí a Antonio Skármeta y su fenomenal obra “Los días del Arco iris”. No imaginé que este libro me fuera a absorber tanto, tan intensamente pero a su vez en tan poco tiempo (duró tres días apenas la lectura), debido a que el tema era el siguiente: un publicista debía cranearse una buena campaña para el No a la reelección de Pinochet, en una época ochentera allá en Chile llena de agonías y sentimientos de inconformidad hacia la política. (a propósito, qué mano de letras Ch: pinochet, chile y ochentero).

¿Cómo podría interesarme esto? lo hizo, vaya que lo hizo. Aunque esto no cambia en mí la postura: de hecho, debido a mi apatía política pensaba que no, pero me doy cuenta que en verdad tengo mucho en común con los políticos: principalmente que ninguno de los dos sabemos nada de política.

También pasaron otros libros, poemas borgeanos matemáticamente abyectos y abstractos, pasaron también textos académicos, Carlos Ruiz Zafón de nuevo, Nick Hornby, Philippa Gregory, más libros de los cuales hablaré luego, tracks de techno casi sacados con lupa, artistas poco conocidos y al final todo vuelve a confluir. La cultura y la curiosidad, indefectiblemente, por algún lado se desbordan.

La función tiene que continuar. Y siento que la mejor forma de agradecer por tan maravillosas lecturas que ofrece el mundo es precisamente escribiendo. Contándoles historias, vivencias, esa necesidad infinita de dejar una sonrisa o un anhelo a medida que llegamos al punto final. Alguna huella.

Es devolver el favor. Vida solo hay una, pero mundos sí puede haber varios.

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