Tasas de la Fed y el doctor Russi

Allá quitan y ponen palabras mientras que aquí quitan y ponen puntas.

Con la anterior frase podría yo definir la dinámica del mercado financiero. Me explico: por ejemplo ayer en Estados Unidos anunciaban si subían, bajaban o dejaban igual las tasas de interés, las cuales están en un rango entre el 2.25% y 2.50%. Las dejaron quietas. Entonces más allá de la decisión como tal, los analistas se fijan mucho en qué palabras usan, si hay palabras nuevas o si se han eliminado palabras viejas en los discursos. En la medida en que quitan y ponen palabras, eso hará que la gente se lance o se contenga en el momento de comprar o de vender, decisión y postura que en últimas implicará quitar o poner puntas en los sistemas operativos de negociación. Dicen que Jerome Powell, el presidente del equivalente al Banco de la República de Estados Unidos, dejó las tasas quietas pero cree o es “simpático” con la idea de que puedan bajar luego. Eso hizo que los Tesoros se fueran al 2.0181% y que los índices accionarios como el Standard & Poor’s o el Dow Jones subieran.

Si quieren saber de expectativas, vi por ahí una encuesta que se le hace a varias entidades y los resultados respecto al incremento del Producto Interno Bruto para Colombia son los siguientes: 3.12% para 2019, 3.32% para 2020 y 3.39% para 2021. Yo siempre me voy hacia el bando del optimismo y espero esto se cumpla o que incluso se sobrepase.

También soy yo “simpático” con la idea del paralelismo en libros. Para agregarle sazón a la obra de Marcel Proust, El tiempo recobrado, el cual si han leído mis últimos posts sabrán que trata sobre monólogos interiores y no tiene una trama específica, he empezado una historia que me tiene absorto, además es colombiana. El autor se llama Javier Riveros y el libro se llama “El último caso del doctor Rossi”. Lo más delicioso es que la historia es en la Bogotá del siglo XIX. El humor es impresionante. Ya luego iré dando más detalles, solo diré que un protagonista es Matute, periodista del diario El Santafereño. Un espectáculo mirífico este libro.

Todos estos optimismos contrastan con el pesimismo de Proust. Él dice que, abro comillas, la vida nos decepciona tanto, que acabamos creyendo que la literatura carece de la menor relación con ella y nos quedamos estupefactos al ver que las preciosas ideas que los libros nos han mostrado se despliegan sin miedo a estropearse. Es como decir que la literatura no merece la vida.

¿Ustedes qué opinan?

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