Préstamo de libros y de almas

 

Lograr el equilibrio: un objetivo que siempre está en la mente. Para eso debemos entonces hacer cosas que nos gustan y tal vez otras que no tanto. Cosas que hay que hacer. Lo importante es buscar la trascendencia y veía ayer, o más bien lo corroboré ayer, lo recordé, que la mejor forma de trascender es servir. Si le sirvo a la sociedad, entonces trasciendo, ya que ese aporte está haciéndole la vida más bonita a alguien por ahí. Es lo bello de la humanización de las actividades o de la rutina. Me doy por bien servido si le aporto a ustedes, que están allá al otro lado en sus pantallas leyéndome. Si genero una sonrisa, ya me doy por bien servido. Les pregunto: ¿Cómo les gustaría ser recordados?

 

La anterior es una buena pregunta para que se la hagan, para que la piensen. Y bueno, hay bastantes cosas alrededor, hubo comida árabe en la zona G, dólar bajando el nivel psicológico de 3.000 y cerrando a 2.999 pesos, jazz al parque con muy buenas propuestas culturales, empieza el ciclo de cine francés (del cual me muero por ver “Bárbara”), empieza la aplicación de citas en Facebook, cumplió 70 años el viejito y delicioso dulce Supercoco, acabo series, empiezo series, acabo libros y empiezo libros.

 

La vida es un carrusel.  Leía por ahí que los libros tienen almas: el alma de quien los había escrito, de quienes lo habían leído y de los que habían soñado con ellos. Cuando les preste un libro, ahí está parte de mi alma.

 

En estos párrafos diarios también.

 

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